El sábado, Escocia e Inglaterra dirimirán una nueva edición de la Calcutta Cup, el trofeo más antiguo de todos los que se disputan en el rugby mundial. A pesar del hype de los últimos meses, y de la victoria ante Francia, el equipo de Gregor Townsend tendrá difícil recuperar el trofeo frente a la roca articulada en que Eddie Jones ha convertido a la Rosa. Pero, en el mientras tanto, a los escoceses les cabe el honor de haber levantado ya el primer trofeo en juego en este 6 Naciones: el Auld Alliance Trophy, que le ganaron a Francia hace un par de sábados. Una copa que honra a los jugadores de rugby franceses y escoceses que cayeron en la I Guerra Mundial, ahora que caminamos hacia el centenario del armisticio.

El Auld Alliance se ha convertido, así, en el último trofeo físico que pone en juego el 6 Naciones, un torneo que siempre presumió de una de sus más conocidas singularidades: la de los llamados trofeos honoríficos. Copas que no eran copas y títulos que no eran títulos. El raro prestigio de lo invisible.

El día en que el 5 Naciones empezó a materializar sus galardones, pareció que algo se perdía. Ese aire distintivo forma ya parte del pasado. Actualmente se reparten hasta siete trofeos.

  • La Calcutta Cup data de 1879, año en que se comisionó la copa de reminiscencias imperiales que fue el canto del cisne del Calcutta Football Club. Ante su desaparición, el club fundió las rupias de su cuenta corriente y produjo una de las copas más célebres del deporte mundial para que se la jugaran los viejos enemigos en formato anual.
  • El ganador del 5 Naciones (y sus versiones precedentes) no recibió ninguna copa hasta 1993. Francia se llevó el primer 5 Nations Trophy. Una nueva versión del galardón fue manufacturada y entregada por primera vez en 2015, y es la que reciben en la actualidad los ganadores.
  • En 1988, conmemorando el milenio de la ciudad de Dublín, se presentó el Millennium Trophy, que se juegan cada año los hibernios contra, cómo no, Inglaterra. Es ese casco vikingo cornamentado que a lo mejor usted ha visto levantar modestamente al capitán, tras los vibrantes choques entre ambas selecciones.
  • En 1989 se añadió el Centennary Quaich, que ponen en juego otra vez los irlandeses, pero esta vez contra Escocia. El quaich viene a ser una vasija para beber, como un cáliz muy ancho de plata, típicamente celta.
  • Hasta 2006 no se comisionó un premio tangible para la Triple Corona, término inaugurado en 1884 y auténtica medida de victoria entre las home nations.
  • Ese mismo año se creó el Trofeo Giuseppe Garibaldi, que se juegan desde 2007 Italia y Francia, en memoria del prohombre de la unificación en la ocasión de su bicentenario.
  • Este 2018 ha vivido el nacimiento del ya mencionado Auld Alliance Trophy, para celebrar la vieja alianza que desde 1296 y hasta 1560 mantuvieron Francia y Escocia. El pacto establecía que unos irían al auxilio de los otros en caso de ser invadidos por, cómo no, Inglaterra.

    Milroy y Burgun, capitanes de Escocia y Francia caídos en combate.

Más allá de la historia remota que da origen al nombre de la copa levantada hace pocos días por el capitán escocés John Barclay, el Auld Alliance Trophy sirvió para homenajear a los jugadores de rugby franceses y escoceses caídos en acción durante la I Guerra Mundial. Y, en general, a los rugbiers que dieron su vida doing their duty.

La celebración en Murrayfield reunió a varios descendientes de los que fueran capitanes de ambas selecciones en el partido que disputaron Escocia y Francia en 1913, en Inverleith (Edimburgo): Eric Milroy y Marcel Burgun, respectivamente. Fue el último que se jugó antes de que estallara el conflicto.

Milroy, alumno del George Watson College en la capital escocesa, trabajaba como contable y era, cuentan las crónicas, “el príncipe de los medios de melé”. Murió en la batalla del Somme en julio de 1916, a los 29 años, al pie de la ametralladora de la que era oficial.

Burgun, su contraparte, había nacido en San Petesburgo, y su padre fue relojero del zar. Jugó en Racing Club de París y en Castres después. Se hizo piloto de combate para vengar la muerte de su hermano, también caído en el campo de batalla en los primeros días de la guerra. El 2 de septiembre de 1915 su aparato fue derribado y Burgun, un tres cuartos centro “deslumbrante y valiente”, recibió el honor póstumo de la Cruz de Guerra francesa. Y después, una calle a su nombre en Castres.

Los equipos de Escocia y Francia, liderados por sus capitanes Milroy y Burgun, saltan al campo en Inverleith en el último partido antes de la IGM, 1913.

Alrededor de 130 jugadores internacionales de las principales naciones de rugby del mundo (las home nations, más Francia, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica) murieron en la I Guerra Mundial. De ellos, 31 escoceses y 21 franceses.

La historia de Milroy ha sido glosada estas últimas semanas con fruición. Su madre, Walteria, solía advertir al joven watsonian de las incertidumbres que lo acecharían en los partidos de rugby: “Keep well back, son…”, le decía. “Protégete, hijo”. En la víspera de su muerte, Milroy le escribió una última carta a la madre, en la que le devolvía la advertencia con un tono terriblemente más dramático: “Parece que mañana vamos a tener algún ligero problema por aquí. Ya te advierto que será difícil protegerse”. 

Al día siguiente el capitán escocés, Lion en la gira de 1910 por Sudáfrica, un “abogado del rugby alegre y veloz”, caía en combate. Las crónicas lo han glosado con admiración deportiva y humana: “El alma más modesta y generosa que se pueda imaginar. Su sonrisa juvenil, que brillaba cuando emergía de la persecución de los delanteros contrarios, era el pórtico a un amplio círculo de amistad, y de él jamás se pudo decir que el éxito le hubiera cambiado ni un ápice. Siempre luminoso, modesto y gentil”.

John Barclay levanta el Auld Alliance Trophy frente a Francia.

Esta entente cordial entre Escocia y Francia ha encontrado en el rugby un último capítulo de continuidad. Desde los días de Robert the Bruce y la participación escocesa en las campañas de Juana de Arco, hasta las alabanzas al espíritu caledonio expresas por el general Charles de Gaulle en las inciertas horas de la Segunda Guerra Mundial.

Aprovechando el centenario del armisticio, el francés Patrick Caublot, miembro del club de rugby de Amiens, y David Anderson, sobrino bisnieto de Milroy, promovieron la creación del Trofeo de la Vieja Alianza. Y el príncipe de los medios de melé de hoy, Greig Laidlaw, honró a Milroy con una actuación inspiradora en su regreso. Y se convirtió en el indiscutido héroe de la Escocia de Townsend.

Al final del enésimo capítulo de extravío francés, el capitán Barclay levantó el trofeo en juego: una estilizada copa que viene a ampliar el profuso ajuar de aquel torneo que nunca entregaba trofeos. Y que ahora tiene más copas que equipos.