Ben Ryan ostenta el cargo de director técnico, pero en realidad es el alma y el rostro de este proyecto de nuevo deporte, recién ideado. En una entrevista concedida a The Rugby Magazine, el que fuera medallista de oro en los Juegos de Río dirigiendo a la selección de sevens de Fiyi explica la iniciativa al detalle y combate las reticencias con las que se ha enfrentado desde que lanzó el proyecto.

Pero, antes de nada, conviene explicar brevemente qué es y en qué consiste el llamado Rugby X. Para empezar, la X se refiere al número de jugadores sobre el terreno de juego: cinco por equipo, es decir un total de diez atletas rápidos y furiosos, que evolucionarán en un campo de dimensiones significativamente reducidas en comparación con las de sus primos del seven y el quince.

Aunque guarda algunas similitudes con el siete, siendo también una versión reducida, el Rugby X  retoca o directamente elimina algunas de las reglas que comparten las otras dos versiones. Se juega en un recinto cerrado y sobre una superficie artificial que se montará para cada evento. Respecto a las normas, y con la intención de subir el ritmo de los partidos, esta versión elimina los saques de lateral tal y como los  conocemos en las otras variantes, y los reduce a saques rápidos desde la banda. Lo que sí permanece son las melés de tres jugadores, como en el seven, aunque no se disputarán. Además, los partidos tienen una duración de 10 minutos, sin descanso. Las sustituciones se llevan a cabo sobre la marcha de modo rotatorio.

Londres acogerá en octubre el primer evento de Rugby X.

En muchos sentidos, el Rugby X es la respuesta ovalada al fútbol sala; una especie de circo que recorrerá los mejores recintos del mundo, cambiando a las estrellas del seven por una exposición de animales exóticos. Esa capacidad de llegar a lugares a los que no pueden hacerlo ni el quince ni el seven es precisamente lo que convierte esta disciplina en una propuesta interesante.

Pero lo diferencial para sus promotores no es esa capacidad de llegar a cualquier escenario. Ben Ryan defiende que lo verdaderamente interesante de esta variante simplificada y glamourosa del código union es que puede resultar mucho más atractivo para principiantes: aquellas personas que nunca antes se hayan acercado al rugby.

“La RFU hace en este sentido un buen trabajo, pero la realidad es que la mayoría de los colegios ubicados dentro de las ciudades siguen siendo terreno inalcanzable para el rugby”, explica Ryan. “Y lo más habitual es que el personal de esos centros de enseñanza no haya jugado nunca a nuestro deporte… o que muy pocos lo hayan hecho. Así que, si introducimos en las escuelas un juego como éste, que es sencillo, que se puede practicar en un terreno reducido y que además no dura demasiado, creo que puede convertirse en una buena herramienta para atraer a nuevos practicantes hacia el rugby”.

Ben Ryan fue oro olímpico dirigiendo al ‘siete’ de Fiyi y lidera esta nueva versión del deporte, que busca subir el ritmo y que la pelota esté en movimiento un 75% del tiempo: se jugará en un recinto cerrado, con cinco jugadores por equipo, sin saques laterales y con melés de tres que no se disputarán

“El quince tiene muchos elementos que lo hacen un deporte difícil para los principiantes. El seven, mientras, se juega en un campo muy grande y es demasiado duro físicamente como para atraer a alguien que nunca haya practicado el rugby antes. Así que esta versión es como una posibilidad intermedia, además de que queríamos que se pudiera jugar indoor. Eso nos permite llevarlo a recintos cerrados en grandes ciudades”.

Desde que anunció el proyecto de Rugby X, Ryan ha debido enfrentarse con las críticas que acompañan a cualquier propuesta de innovación en un deporte. Ryan lo ve como un vehículo muy apropiado para atraer a practicantes urbanos: “La gente en general no se da cuenta de cuál es el escenario hoy en día en muchos centros escolares de las ciudades”, argumenta. “Piensan que ‘claro… como los jóvenes juegan al fútbol, entonces no juegan al rugby“. Pero la realidad no es esa: la realidad es que no están haciendo ningún deporte, ninguno. Hay una auténtica falta de actividades extraescolares”.

“En un ambiente así, un deporte como el rugby, con todos los valores que es capaz de transmitir y que nos hacen amarlo, podría ser una alternativa realmente valiosa y ayudaría a mejorar la situación”.

En lo que respecta a problemáticas de carácter social, Ben Ryan sabe bien de lo que habla: “Nunca me refiero públicamente a mi trabajo alrededor de las problemáticas de crimen juvenil, pandillas, etc., pero he pasado mucho tiempo colaborando con proyectos como Safer London y tutorizando a chavales, así que tengo claro que necesitan hacer cosas. Necesitan un deporte extraescolar, o cualquier otra actividad… algo a lo que puedan aspirar en la vida para no caer inmersos en ese otro lado oscuro de la sociedad, que provoca todos estos problemas”.

“Cada vez veo más colegios que cierran pronto sus instalaciones, que se evitan mantener las zonas deportivas activas para ahorrar dinero, y que no ofrecen ningún deporte como actividad extraescolar. He mantenido reuniones con Sports Trust y con gente del gobierno, y todo el mundo ve con muy buenos ojos un proyecto como éste, especialmente si somos capaces de conseguir patrocinadores y nadie tiene que sacar dinero de otro lado para que funcione. Lo veo como algo muy positivo”.

“En Inglaterra hay muchos colegios dentro de las ciudades a los que el rugby no llega: esta variante, más sencilla que el ‘quince’ y el ‘siete’, se jugaría en un terreno reducido y podría ayudar a atraer nuevos practicantes y más interés por el rugby”

Hay otra área de preocupación que Ryan comparte con otra mucha gente, y es la perentoria necesidad que hoy por hoy tiene el rugby de cuadrar sus cuentas: la mayoría de las uniones más importantes y los propios clubes siguen perdiendo dinero a montones. Y Ryan está convencido de que su proyecto puede ayudar a combatir esa situación. “Ya lo he dicho en varias ocasiones: lo que queremos es atraer a nuevas audiencias”, dice. “El público del rugby es cada vez más mayor, igual que los patrocinadores: ahora están las compañías de seguros, después vendrán las empresas funerarias… Es el perfil que hoy por hoy tiene el deporte; así que podemos hacer algo para atraer a practicantes y a espectadores más jóvenes”.

“Corremos el riesgo de que otros deportes le tomen la delantera al rugby en la próxima década: el baloncesto ya lo está haciendo. Sky emite cada vez más partidos de la NBA y chicos que antes en Inglaterra no sabían nada de ese deporte, ahora lo tienen a su disposición; y además está el videojuego… Ahora todos los críos saben lo que es la NBA y les encanta; y no sólo eso, han empezado a comprar artículos relacionados con la liga e incluso quieren jugar: a mí también me encanta la NBA, me doy cuenta de lo atractiva que es; es ese tipo de jóvenes a los que deberíamos atraer hacia el rugby”.

Ryan, con un joven aficionado de Fiyi.

“Tanto en el quince como en el seven, la pelota está en juego sólo un 50% del tiempo; en el Rugby X nos marcamos como guía que el balón estuviera en movimiento el 75% del tiempo… En un partido de siete, después de cada ensayo tienes 30 segundos para la conversión; y otros 20 segundos más hasta que regresas a tu campo y se reanuda el juego. Es un minuto en el que no pasa absolutamente nada, que se repite cada vez que hay un ensayo: y suelen marcarse cuatro o cinco en cada partido. En Rugby X vamos a recuperar ese tiempo para que sea tiempo jugado; tampoco los saques de lateral ralentizarán la acción. En esas acciones es donde lograremos el 25% de tiempo de juego real que buscamos”.

Además de subrayar los ingresos extras que las estrellas del seven recibirán por participar en este nuevo código, repartidos de forma igualitaria entre hombres y mujeres, y los 18 meses de trabajo que ha invertido en el proyecto, Ryan espera que el Rugby X sirva también como una “incubadora” para World Rugby.

“Sé que mucha gente va a pensar que esto es un engendro, pero el público del rugby y los patrocinadores del rugby están haciéndose viejos: necesitamos soluciones para atraer a nuevas audiencias, y para eso hay que ofrecerles algo porque las alternativas son muy variadas”

“Incubadora es una palabra perfecta para describir lo que queremos hacer: que el Rugby X sirva para probar cosas nuevas tanto en el campo como fuera de él. Sean cambios en las reglas o cómo vendemos el producto y educamos a nuestro público: porque éste va a ser un espectáculo dinámico, lleno de música y de productos y experiencias. Tendremos sensores que permitirán ofrecer al público datos sobre lo que están viendo: quién es el jugador más rápido, cuál tiene las pulsaciones más bajas en un momento de descanso… todas esas cosas que hoy en día hacen que nueva gente joven acuda a ver un deporte y se lo pase bien”.

“Tengo claro que mucha gente va a decir que esto es un engendro, pero haremos cosas que resulten entretenidas, cosas que normalmente no se ven en el rugby normal. Habrá a quien le parezca un engendro, sí, pero es que para atraer la atención de la gente hoy día, y retenerla, con la cantidad de oferta que hay, necesitas montar un paquete completo que divierta de verdad al público. Va a estar más cerca de lo que la NBA ofrece a sus espectadores, por ejemplo”.

El primer evento de Rugby X tendrá lugar en el O2 Arena de Londres el próximo mes de octubre. World Rugby ha autorizado a Ben Ryan y su equipo un periodo de prueba, para después revisar cómo ha funcionado y decidir si esta nueva versión del juego creado hace 200 años por William Webb Ellis tiene futuro o es directamente eliminado.

Ali Stokes es uno de los analistas habituales de The Rugby Magazine y escribe también para Rugby World.

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