Madrid, 12.209 kilómetros. Buenos Aires, 2.347. Nueva York, 10.602. Polo Norte, 16.074. El cartel en el centro de la ciudad de Ushuaia que mide las distancias a otras urbes del mundo nos da una idea de lo extremo de este lugar, la ciudad más austral del planeta. La llaman “El fin del mundo”, aunque bien podría ser el principio. Y por supuesto aquí, en la provincia argentina de Tierra del Fuego, también se juega al rugby.

La Unión del Rugby de Tierra del Fuego fue fundada en 2000 y es una de las más jóvenes del país. Pero el oval bota en estos duros campos desde hace tiempo. La década del 80 vio nacer a los clubes pioneros: Ushuaia Rugby Club, en la capital; y Río Grande Rugby & Hockey Club, en la ciudad homónima situada 210 kilómetros al norte.

Los siguientes se sumaron ya en este milenio: Universitario y Turu de Río Grande; y Colegio del Sur, Las Águilas, Las Orcas y Los Gallos en Ushuaia. El benjamín de la isla es el Tolhuin Rugby Club, en la localidad de ese nombre, que se encuentra justo a medio camino entre las dos grandes ciudades de la provincia.

Las canchas de tierra y las condiciones extremas caracterizan al rugby en esta latitud.

Una de las particularidades del rugby fueguino es que se juega a contramano de la temporada habitual del Hemisferio Sur: en lugar de hacerlo entre marzo y octubre, los campeonatos se disputan entre septiembre y diciembre y entre febrero y abril. Claro, hay que evitar el crudo y húmedo invierno, cuando las temperaturas bajan tranquilamente del cero y los campos de juego se congelan, se inundan o se cubren de nieve.

Hablando de las canchas, los clubes más grandes pueden darse el lujo de mantenerlas cuidadas y poder disfrutar de una verde alfombra rodeada de hermoso paisaje patagónico. Otros no corren con la misma suerte y disputan sus partidos en canchas de tierra dura con piedras y casi nada de vegetación, donde placar es sólo para valientes y los que se animan dejan literalmente la piel en cada acción. Además, la ferocidad del viento puede cambiar implacablemente el curso de la pelota (y del partido).

En Tierra del Fuego el rugby se juega entre septiembre y diciembre, a contramano de la temporada habitual en el Hemisferio Sur, para evitar el crudo invierno y los campos congelados

La provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur cuenta con unos 160 mil habitantes. La mayoría de ellos prefiere, entre los deportes de equipo, actividades indoor como futsal, voleibol o baloncesto. Sin embargo, cientos de hombres y mujeres (las chicas tienen su torneo oficial desde 2018) le hacen frente al helado viento patagónico y entrenan once meses al año para jugar, en el mejor de los casos, unos 22 partidos de rugby, en caso de que llegan a las finales. Si eso no es amor a la ovalada, que alguien me explique qué es…

Y puede que sean pocos, puede que estén lejos, pero los fueguinos están muy presentes en el mapa del rugby argentino. Ushuaia fue dos veces sede de encuentros del Americas Rugby Championship, cuando Argentina XV recibió a Brasil y Chile en el estadio Agustín Pichot en 2017 y 2018, respectivamente. Además, su seleccionado mayor es el último campeón del Súper 9, el torneo de uniones provinciales en desarrollo. Lenga 7, el representativo de siete jugadores, siempre es protagonista en cada torneo que juegue.

Imagen aérea del Seven del Fin del Mundo.

Si de seven se trata, cada año hay una cita obligada en Ushuaia, que se viste de gala para vivir el tradicional Seven del Fin del Mundo. El torneo se juega en casa del Ushuaia Rugby Club y va por su trigésimo segunda edición, a jugarse el próximo diciembre. A lo largo de su historia brillaron Pumas como Marcelo Loffreda, el Chapa Branca y Agustín Pichot y dirigieron árbitros de talla internacional como Efraim Sklar y Pablo Deluca. Una fija en el calendario de rugby a siete nacional que es todo un símbolo de la provincia y una marca turística reconocida.

Los discípulos de William Webb Ellis se aseguraron de que su creación llegase a cada rincón del planeta. Pese a las latitudes, al terreno, al clima y a todo lo que amenace con detenerlo, el rugby fueguino está más vivo que nunca, aquí donde termina el mundo. O donde comienza.