Asociar el nombre Las Vegas a las apuestas es muy sencillo. Sin embargo, aquí la apuesta es distinta: es al rugby. En el Municipio de Las Vegas, Departamento de Santa Bárbara, en el noreste de Honduras, lo consideran una herramienta eficaz para ayudar a los adolescentes de dicha localidad a salir de situaciones delicadas. ¿Cómo ocurre esto, hoy, en el centro mismo de Centroamérica? Acá, la historia de esa apuesta.

Héctor Godoy es el presidente de la Federación Hondureña. Explica, brevemente, el estado de situación del rugby en su país. «Es un deporte totalmente nuevo», cuenta. «Podríamos decir que está, hablando coloquialmente, en pañales y va de a poco, dando sus primeros pasos. La Federación fue fundada en 2014 y se practica de manera informal desde 2012, con la creación del primer equipo, el Tegucigalpa Rugby Club», explica.

«A diferencia de otros países de Centroamérica, el rugby está bastante descentralizado de la capital, Tegucipalpa. Esto, aunque está bueno para que el rugby esté repartido por el país, nos genera ciertas complicaciones de índole logísticas y competitivas», dice Héctor.

«En Honduras el rugby está en pañales: la Federación se fundó en 2014 y el deporte oval se practica en el país de manera informal desde 2012, cuando se fundó el Tegucigalpa Rugby Club»

Aporta un dato revelador: «Se está sembrando la semilla del rugby en juveniles en las áreas rurales, donde las municipalidades son más accesibles y permeables para que un deporte completamente nuevo para la enorme mayoría, tenga su espacio de difusión en los Institutos Secundarios. El año pasado se logró ingresar en Las Vegas, Departamento de Santa Bárbara y en una región cerca de allí. Hay mucho entusiasmo», dice Héctor.

Amor por el rugby

Acá, emerge la figura e historia de Wilson Sabillón.

Wilson Sabillón ama el rugby. Entendió que estaba en sus manos hacer algo por los jóvenes de su lugar y creó, por cuenta propia, un proyecto de rugby juvenil denominado Mineros El Mochito, en Las Vegas. Lo de mineros no es un nombre de fantasía: minero, trabaja todos los días 750 metros bajo la superficie, extrayendo plomo, zinc y plata. El Mochito es el nombre del yacimiento.

«Acomodo mis turnos en la mina según los entrenamientos de los chicos, que son de mañana o de tarde según los grupos escolares. Puedo trabajar de cuatro de la mañana a una de la tarde o a partir de las doce, así combino mis días con prácticas a la mañana o a la tarde”.

Esa es su rutina, inalterable, de lunes a sábados. Una vez que sale a la superficie, se pone a trabajar para el rugby. Y bajo la superficie, no deja de pensar cómo mejorar el proyecto.

Wilson explica cómo, con una sola pelota y sin haber entrenado nunca en su vida, mantenía la atención de 75 chicos y chicas. «¿Cómo? Buscamos tutoriales en internet sobre cómo poder armar cosas para enseñar rugby con estos poquitos recursos. A los dos meses de iniciado el proyecto, conseguimos una ayuda de la Federación que nos mandó cinco pelotas, algunos conos y algunos chalecos».

Evitar malos hábitos

Con entusiasmo desbordante, cuenta: «Hay tres equipos ya. Dos sub 20 femeninos y uno masculino. Hace un año comenzamos con el proyecto en nuestra comunidad de 36 mil habitantes porque detectamos que muchos jóvenes estaban cayendo en malos hábitos: delincuencia, alcoholismo, drogas. Fue así que tomé la iniciativa de ir a un colegio (el Tiburcio Carías Andino) a enseñar lo que era el rugby, del que aquí nadie sabía absolutamente nada. Fui primero con Orlín Fuentes, el profesor de Educación Física. Logramos juntar setenta y cinco jóvenes, pero teníamos una única pelota para todos».

Los chicos y chicas de Mineros El Mochito.

Su alegría en la voz es imposible de describir: «Recuperamos muchos chicos que estaban en una situación difícil y se integraron perfectamente al deporte. El rugby funciona como catalizador de la realidad, que en algunos casos es muy compleja».

Si para entrenar Wilson está solo, para lo demás tiene algunos apoyos que son inestimables.  Uno de ellos es el de Bany Rivas.

Apoyo municipal

Bany es gestora cultural del Municipio de Las Vegas y trabaja en el Área de Comunicaciones y Transparencia. Cuenta que el proyecto caló hondo en la comunidad. “Me da la oportunidad de poder dialogar con los jóvenes, ayudarlos y colaborar con Wilson”, explica. “Wilson llegó a nosotros con esta propuesta que, la verdad, al principio no entendíamos bien de qué se trataba”.

«Es algo innovador para nosotros”, asevera Bany. “El hecho de ver muchas chicas practicando un deporte que en nuestro país es poco menos que desconocido, con tanto ánimo y responsabilidad, es muy importante. Por cierto, además están los logros que van consiguiendo».

El proyecto de Wilson ha calado en las autoridades municipales, que lo convirtieron en un programa propio: «El rugby actúa de catalizador de la realidad, que en algunos casos es muy compleja»

No sólo en lo deportivo. Los casos de chicas relacionadas con la delincuencia, drogadicción o prostitución no fueron los únicos que Wilson intentó reencausar. También, severos casos de depresión e intentos de suicidio.

“Las edades de los chicos y las chicas que están bajo el paraguas del proyecto van de los 14 a los 21 años”. Bany, como funcionaria del municipio, eleva la vara. «Lo que al principio era sólo ‘el proyecto de Wilson’ se ha convertido ahora a un Programa dentro del ámbito municipal».

Las chicas se animaron con el rugby y los resultados apoyan su entusiasmo.

“Seguimos entonces trabajando con las escuelas, fomentando el rugby, siempre con el apoyo total del Municipio que conduce la Alcaldesa Mila de Lara, más el de la federación. Hacemos todos un gran sacrificio, pero el objetivo es claro: seguir ayudando a los jóvenes a salir adelante, a alejarse de los malos hábitos y a que se reinserten en muchos casos nuevamente en sus familias y su comunidad”, explica Bany.

La Alcaldesa Mila de Lara también está consustanciada con el proyecto que ya es Programa. “Efectivamente, Wilson llegó a Bany y a través de ella, a nosotros como Municipio. Todo lo que ayude a nuestra comunidad, lo tomamos y ayudamos en cuanto podemos, si podemos, con los recursos que tenemos. Nos han explicado que el rugby es un deporte con muchos valores, con muchas enseñanzas y donde los jóvenes pueden aprenderlos y fortalecerlos. Entonces, dijimos ‘si’ desde lo institucional para dar el apoyo que esté a nuestro alcance”, cuenta de Lara, “y lo emocionante es que está funcionando y tal parece que muy bien”, concluye la Alcaldesa de Las Vegas.

Mineros El Mochito, en afrikáans

Los propietarios y gerentes de la empresa minera que lleva adelante la explotación mineral son sudafricanos. Errico Vascotto es sudafricano, directivo de la firma, amante del rugby y es quien más apoya el programa.

“En 2013, un canadiense que trabajaba aquí fundó ‘Maddogz’, un equipo de rugby compuesto por personal que trabajaba en la mina. La mayoría de los que aún juegan -como Wilson- lo hacen en la cara de la roca. No es un trabajo fácil”, aclara, por si hiciera falta.

“En 2019, Wilson comenzó en un colegio técnico aquí en Las Vegas a intentar convencer a los jóvenes para que se unieran a Maddogz, colaborando en la lucha diaria por intentar alejarlos de una situación vulnerable, que en esta región es bastante delicada. Consiguió proporcionar una muy necesaria mejora social a la comunidad local». Confirma que la preocupación principal es alejar a chicos y chicas de la delincuencia.

Tras cumplir el cometido original, Wilson ahora va a la carga por otros cinco colegios, para ver si consigue sumar a más jóvenes.

Las iniciativas de promoción en colegios, como el Tiburcio, vertebran el crecimiento.

Juan Ramón Blandín Padilla es directivo del Instituto Tiburcio Carías Andino, en el que comenzó todo, y él mismo asegura que “el proyecto rugby es fantástico para los jóvenes que están esperando el conocimiento de un nuevo deporte”, en un país donde el fútbol es rey indiscutido. “Tiene aceptación y aficionados y un gran trabajo de Wilson detrás para conseguirlo”, dice.

“La mayoría de los jugadores de rugby pertenecen o estudian en nuestra institución. Son aproximadamente 35 jóvenes y los demás son egresados del Instituto. Observo un gran potencial, pero Wilson ya no puede más solo. Necesita más colaboradores, un instructor, un ayudante, que puede ser el mismo maestro de Educación Física y Deporte. Esto es vital, porque el rugby saca de la rutina perniciosa a la juventud, promoviendo valores y coraje para enfrentar situaciones complejas. Estamos muy impresionados por el apoyo de los mismos jóvenes al proyecto, de cómo lo impulsan”.

Como llegar a toda Honduras

Siendo el Tiburcio un modelo a seguir, la duda es cómo lograr que el rugby se convierta, más allá de algo puntual en Las Vegas, en algo curricular que pueda llegar a muchas instituciones en Honduras: “Tendríamos que elevar la propuesta a nivel de la Secretaría de Educación de nuestro país, a través de la Dirección Departamental de Educación de Santa Bárbara. Poder, se podría”, deja entrever con esperanza.

Los impulsores del proyecto buscan colaboración para trasladar su entusiasmo por el rugby, a través de centros educativos primero, para después intentar elevar la propuesta al resto del país

Pero primero, lo primero. “Pues… que se unan los otros colegios del Municipio, eso sería algo fabuloso”, se entusiasma Wilson. “Ya veremos el resto del país. No quiero pensar demasiado en eso, porque no quiero salirme del foco”.

“Esto es el interior de Honduras -concluye Wilson- somos todos gente humilde y trabajadora y cada paso que damos, para nosotros es un aprendizaje, una cosa nueva que vamos asimilando y descubriendo que hay potencial», agrega entusiasmado. “En esta región y en este país, somos todavía los ‘chicos nuevos del barrio’, pero la primera impresión ha sido buena. En el camino del crecer seguramente tengamos algunos tropiezos, pero de eso se trata crecer”.

“Nosotros [Mineros El Mochito, Maddogz] estamos fuertemente comprometidos con el desarrollo del rugby en nuestro país y a eso estamos abocados. Si consiguiéramos más apoyo seríamos probablemente la capital del rugby en Centroamérica”, sentencia, ilusionado, Wilson.

La apuesta de Héctor, de Beny, de Errico, de Mila, de Juan Ramón y sobre todo de Wilson, es fuerte y arriesgada. Como suelen ser las apuestas. Como suele ser en Las Vegas.

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