La verdad es que no muchas veces uno encuentra fotos que lo dejan obnubilado, perplejo, atónito y en mi caso, mudo de emoción cuando caí en la cuenta.

La foto que ilustra este texto tiene a tres entrenadores de los All Blacks, los tres entrenadores de los All Blacks que salieron campeones del mundo. De izquierda a derecha, Graham Henry, Steve Hansen y Brian Lochore.

Tuve la suerte, la extrema suerte, de poder haberles estrechado la mano, de haber conversado y de haber compartido momentos increíbles -para mí- con los tres. Cortos, pero inolvidables. Para un desquiciado fanático del rugby como es mi caso, momentos que atesoraré por siempre hasta mi último día.

1985. Después del empate en 21 entre los All Blacks y Los Pumas en Ferro, el tercer tiempo se llevó a cabo en la sede del CUBA de la calle Viamonte. Mi papá trabajaba en esa época en Cervecería Quilmes. Era uno de los vendedores de cerveza a concesionarios más grandes y carismáticos del país y como él sabía que mi mundo era el rugby, se ofreció en la empresa para acompañar a los All Blacks durante su estadía en Buenos Aires. Dos semanas. “Beer man”, le decían. Donde había un All Black, había un chopera de Quilmes, un barril, un operador de la chopera, y mi papá.

A aquel Tercer Tiempo fui como ‘mozo’ a servirles cerveza a los All Blacks: tenía 15 años y el entrenador Brian Lochore se ocupó personalmente de que cada miembro del plantel me firmara su autógrafo en el programa oficial del partido

Junto a los All Blacks, vino al país una delegación de supporters que también tenían Quilmes a disposición. Durante los dos tests, mi función fue servirles cerveza a los supporters durante el partido. Todos ubicados en la platea techada de Ferro, pero abajo, bien cerca de la cancha. Junto a un compañero de club y de colegio, íbamos y veníamos con vasos de cerveza para la gente, siempre muy educada.

Entonces, a ese Tercer Tiempo -el del primer partido- fui como mozo a servirles cerveza a los All Blacks. Tenía 15 años. Después del partido, ver a mis ídolos deportivos. El entrenador Brian Lochore se ocupó, personalmente, de que cada miembro de ese plantel me firmara su autógrafo en el programa oficial del partido. Ese programa aún lo conservo y está bajo siete llaves en casa de mis padres.

Al Tercer Tiempo del segundo partido no pude ir (no lo dejaron que me lleve) pero mi papá -él, cero rugby- contaba siempre que esa experiencia lo marcó por lo emocionante y, en algún punto, disparatada para sus ojos. “Se sentaron todos en círculo. Iban pasando uno a uno al medio, decían algo, se tomaban la cerveza de un solo trago y se arrancaban las mangas de los sacos de un tirón. Cuando llegaron los de la UAR con sus esposas a esa cena [se hizo en La Rural] los All Blacks ya estaban recontra mamados. Eructaban como osos… ¡la cara de las esposas de los dirigentes! Fue un quilombo hermoso“. Tengo grabadas las palabras de mi viejo que contó esa anécdota once mil veces. El gordo… en algún lugar del universo debe andar, mirando todo desde arriba.

2013. Graham Henry era Asesor Técnico de Los Pumas que entrenaba Tati Phelan. Concentraban en el entonces Intercontinental de Nordelta. En esa época, junto a mi amigo el periodista Gastón Zmuda -él era entonces el productor número uno (es el mejor productor de radio) de Rugby Champagne y yo conducía ese programa todos los días en la radio- íbamos a todos los entrenamientos de Los Pumas, de Los Pumitas de Urdaneta, de todos los equipos habidos y por haber.

Un día, Frankie Deges (también amigo, también colega) nos invitó a un asado en su casa (a hacer el asado también) con los periodistas de Nueva Zelanda que venían al partido del Rugby Championship de ese año. Pero, para ir, había que llevarlo a Graham Henry, que ya estaba invitado pero no tenía cómo llegar a su casa. Lo esperamos y lo llevamos.

Grata experiencia fue comprobar que era un tipo super amable, distinto al señor parco que uno veía en la tele cuando estaba con los All Blacks. La posibilidad de conversar con él en el auto, hacer el asado, disfrutar de la charla y luego… presenciar un debate único con Marcelo Loffreda. Experiencia impagable que se repetiría a las pocas semanas nuevamente. Llevarlo y devolverlo al hotel.

Jordie Barrett, preparado para un día de golf en Buenos Aires en el último Rugby Championship.

2019. Hace apenas unas semanas, los All Blacks vinieron a jugar contra Los Pumas por el Rugby Championship. Ese partido en Vélez, el que estuvo a un tris de ganarse y hubiera sido menester, tuvo a los hombres de negro, como es habitual, en la ciudad. El golf es uno de los pasatiempos favoritos al menos para algunos de ellos y Javier Pintos, hombre fuerte en la empresa WeGolf (@golfargentina) y quien se encarga sistemáticamente de llevarlos a jugar a los lugares más exclusivos -tiene una amistad con ellos de varios años atrás- me propuso la cobertura exclusiva de ese evento.

La condición era compartir con ellos el día, pero sin entrevistarlos. Jugar al golf (verlos jugar), charlar con ellos, verlos en un día normal sin rugby. Viajar en el cerrito eléctrico colgado atrás, manejado por Sam Cane con Luke Jacobson de copiloto, a fondo, fue una experiencia única. Tanto, como compartir un momento -después de un asadazo- con Steve Hansen e Ian Foster, mientras la gente de la Ellerstina (allí en ese predio exclusivísimo de Gonzalo Pieres jugaron al golf) les explicaba el funcionamiento del entrenamiento de los caballos de polo. Hansen realmente disfrutó eso. El head coach de los All Blacks se mostró muy interesado en ello.

Vi la foto y me salió todo esto, de una, de corrido. Debe estar bastante mal escrito, pero no lo quiero ni revisar. Siempre les diré gracias a los que lo hicieron posible.

Lo único que se me ocurre es pensar en qué privilegiado, qué afortunado he sido.

[Puedes leer a Eugenio Astesiano (@UgeAstesiano) en su blog Hablemos de rugby (@hablemosderugby); y escuchar el podcast del programa pinchando en este enlace].