Inkas Rugby nació en octubre de 2016 en el Centro Juvenil de Diagnóstico y Rehabilitación de Lima (ex Maranguita) con adolescentes de entre 16 y 20 años de edad. El objetivo es que el rugby sea el catalizador para reducir la tasa de reincidencia delictiva a través de la transmisión de los valores y la mística intrínseca del deporte.

Alberto Gómez Borrero, el español que lo impulsa, dice haberse inspirado en el proyecto de la Fundación Espartanos de Argentina. En la Unidad 48 del Penitenciario de San Martín, en la provincia de Buenos Aires, un grupo de voluntarios lleva adelante desde hace muchos años un programa en el que el rugby – y a través de él – es la herramienta por la cual los privados de su libertad pueden encontrar contención, un lugar de cohesión y dónde poner el foco en su camino hacia la rehabilitación.

“Todos podemos equivocarnos”, comienza Gómez Borrero. “Estos chicos ya han sido juzgados y están pagando su deuda con la sociedad. No necesitan que les sigamos juzgando. Necesitan unos referentes que no les fallen, que les muestren valores que les sirvan como herramientas sociales para poder aprovechar una segunda oportunidad cuando salgan de su reclusión. Seamos empáticos. Tal vez no hayan tenido la suerte de haber contado con estos referentes», dice Alberto.

Gian Marco Barrón, apodado Ronsoco, se unió al proyecto en febrero de 2019. «Al principio, Alberto intentó por todos los medios y durante dos años incansablemente llegarle a los chicos y que hubiera una continuidad, pero era bastante frustrante», cuenta. «Los entrenamientos eran solo los miércoles, apenas dos horas. Con casi mil chicos en el Centro, no siempre salían los mismos a los entrenamientos y eran sólo unos 40-50 los que aceptaban la propuesta del juego, de un deporte que desconocían».

Orden

Gian Marco, uno de los fundadores del Lima Rugby Club en los años 90 antes de emigrar, cuenta que en enero de 2019 leyó «un anuncio de la Federación Peruana de Rugby que necesitaban voluntarios para este proyecto de enseñar el deporte en Maranga. Yo había regresado en 2017 a Perú desde los Estados Unidos y esta oportunidad me entusiasmó», explica.

«El primer día fue chocante; nunca había ido a una cárcel ni a un instituto de menores. Había muchachos con ganas de hacer algo, pero era todo muy desordenado. Era complicado enseñarles, porque no hacían caso, no les importaba. La segunda vez, que fui, tampoco», rememora.

«Queríamos enseñarles el juego, pero sobre todo queríamos inculcarles algunos valores imprescindibles tanto para el rugby como para la vida: disciplina para entrenar, respeto a la autoridad y trabajo en equipo»

«Hablamos con Alberto de hacer algún cambio, porque así no íbamos a ir a ningún lado. La voluntad nuestra para meterle más energía estaba presente. Entonces, surgió la idea de trabajar con sólo un equipo: 25 muchachos seleccionados en una lista y entrenar con ellos. Alberto era un tanto escéptico sobre esta metodología, pero insistí para buscar cambiar algo, para movilizarlos. ¡Y empezaron!”.

Ese primer miércoles salieron 25 chicos y una semana después repitieron los mismo 25… y así cada miércoles en adelante. “Nunca faltó nadie», cuenta entusiasmado sobre un proyecto que empezaba a tomar ritmo. «Empezamos a trabajar con ellos. Queríamos enseñarles el juego, desde ya, pero queríamos inculcarles algunos determinados valores, imprescindibles tanto para el rugby como para la vida: disciplina para entrenar, respeto a la autoridad y trabajo en equipo. Esos fueron los tres pilares que establecimos».

«Conforme fue pasando el tiempo, los chicos empezaron a jugar un poco mejor. También empezamos a recibir visitas de jugadores de rugby extramuros desde los clubes, que vinieron a colaborar; entonces ellos mismos empezaron a ver y a notar – todos lo notamos – mayor cohesión grupal y una mejora sustancial acerca de las normas que habíamos establecido».

«El cambio no se hizo solo notorio en el campo de juego sino en la vida propia de los chicos. Su actitud llamaba la atención a gente que no conocía nuestro deporte», explica.

Mejora en el comportamiento

«Los guardias empezaron a ver que en los entrenamientos había ‘tackles’, que los chicos se golpeaban, que jugaban rudo, pero que ninguno osaba ni levantar la voz ni decir nada, nunca una pelea, discusión, nada… nos vinieron a preguntar cómo era posible eso», asegura. “Entendieron entonces que el rugby estaba ayudando a los chicos», cuenta orgulloso Gian Marco, que ya era el entrenador formal de Inkas Rugby. Conforme pasaba el tiempo, el proyecto comenzaba a dar sus primeros frutos importantes.

«Los chicos que venían a jugar al rugby empezaban a tener mayor participación en otras actividades en los pabellones, eran más responsables, lideraban con el ejemplo y los guardias nos invitaban a nosotros para que veamos los cambios».

A partir de estos cambios de personalidad, el Ministerio de Justicia seleccionó al capitán del equipo para una publicidad en la que hablaba de su deseo de progreso, de finalizar sus estudios secundarios y aplicar para ingresar a una universidad.

Partido

«Un día, creímos que ya era momento para ver si estaban preparados para jugar; eso implicaba traer un equipo aquí, al Instituto, con toda la logística que eso acarreaba, con la presencia de sus familiares. La cosa no era sencilla ni mucho menos», recuerda Ronsoco.

Llegó en ese momento la colaboración directa de los clubes, vino el capitán de la selección peruana a darles una charla y estaba todo encaminado para que el 8 de junio de 2019 ellos pudiesen jugar su primer partido. Sin embargo, una semana antes cambió la dirección del Instituto: “No sabíamos si el Director entrante iba a apoyar nuestro proyecto o no. Fueron días de mucha incertidumbre», cuenta Gian Marco.

«Fernando Salinas, Educador Social y colaborador del proyecto, nos contó que había hablado con la nueva Dirección, que era muy accesible y que estaban de acuerdo con el proyecto y con el partido. Fue un alivio muy grande para todos».

«El partido contra el club Dragones nos sorprendió; los chicos jamás habían visto un partido de rugby en su vida. Vale decir que jugaban o practicaban un deporte del que no tenían conocimiento, ni siquiera por TV, ni en computadora .ni nada” Para la alegría de todos, “no sólo jugaron al rugby contra un club, ¡sino que lo hicieron bien!”.

«Es un deporte que no conocía antes de entrar aquí y ahora me despierto y me acuesto pensando en rugby -dice el capitán-. Estoy deseando cumplir mi condena para seguir jugando cuando salga a la calle»

Entre los espectadores estaban los familiares, los directores del Centro y los internos con buena conducta, que fueron a los que se les permitió presenciar el evento. Después del partido, los equipos se mezclaron y hasta se unió al mismo uno de los guardias.

“Fue emocionante; una experiencia inolvidable», se emociona Gian Marco al traerlo a la memoria. Los jugadores disfrutaron esa primera experiencia, al punto que el capitán, cuyo nombre no podemos compartir, expresó: “Es un deporte que no conocía antes de entrar aquí y ahora me despierto y me acuesto pensando en rugby. Estoy deseando cumplir mi condena para seguir jugando cuando salga a la calle”.

Gian Marco señala que «desde siempre, la idea no era que esto fuese enseñarles sólo rugby, sino que el rugby fuera la excusa para que aprendieran a respetar las pautas que habíamos establecido». Hoy, el proyecto sigue vigente, creciendo y más vivo que nunca.

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