A mí me gustan mayores, a mí me gustan más grandes: que no me quepa-en lamelé”. Si yo fuera entrenador, querría una primera pantagruélica como puertas de un establo y con polo rayado, que el negro adelgaza. Una vez más y por pasado salado, ande o no ande, en la mar burro grande. La primera línea la forman el número 1, el 2 y el 3. Pero no son lo mismo, por el mismo principio que el balón no es una pelota. Lo que sí son es el alma de la melé y esta debe ser como el GT40 que ganó Le Mans: centro de gravedad al asfalto. En mi humilde opinión, el éxito del empuje va en función de un centro de gravedad rastrero. Razón por la que los primeras muy por encima del metro ochenta, no sé yo… Veámoslo en la primera ley gravitacional de la melé: “Cuanto más próxima a la unidad sea la relación segunda vs nalga del primera, mejor se determina la proyección del vector de la fuerza aplicada, ergo la motivación del segunda la sienten los hombros del ‘pilier’ opuesto”.

El número 2. El talonador, hooker en los manuales protestantes, es sin duda una mutación de los delanteros. Una especie de tapón alojado entre dos fregaderos. Si es muy grande no encajará y, si es pequeño, hay holguras y la primera derivada es la melé colapsada. Es así el talona la clave de bóveda de la melé. El diseño del talona es ingeniería; el resto de sus compañeros, sobrealimentación sin pulir. A veces imagino la melé formada y el talona entrando en su cabina como un cosmonauta.

Y de aquí a la teoría de la letra jota. Sí la  J está bien vertebrada, el XV funciona y el punto de la jota es precisamente el 2. Después los segundas, que ya los diseccionamos, son el tronco de esa J, que acaba en el 9 como su curvatura. Si esa jota a vista de pájaro mantiene proporciones cartesianas, sonará bien y es posible que las cosas salgan. No lo olviden. Una letra J a vista de gaviota.

Malcolm Marx y Schalk Brits, los dos talonadores sudafricanos.

El número 2 es un tipo cuyas manos son sus pies cuando está en la melé, pues si no es docto en el arte de patear el balón a la rebotica de la formación, pueden pasar accidentes como que el oval salga descontrolado por un lateral. Pero también debe manejar sus manos para lanzar en los lineouts, por lo cual ha de tener un buen feeling con los saltadores. Las touches son mero teatro. Una emisión de un código alfanumérico que hilvana números, guiños y vocablos, que son descifrados por el enigma de los saltadores para subir al cielo y atrapar el balón. Si el contrario ha descifrado el mensaje, los Springboks dan las claves en afrikaans para no ser pillados: sabrá a dónde va el oval. Si hubiera un hooker en The Lord of the Rings, sería El Enano. Grandes bebedores de cerveza y amigos de cantar. Predomina el modelo barba hipster o totalmente calvo pero igual barbudo. En el rugby amateur suelen ser bajitos, con la cabeza enroscada y calzando esas tétricas botas de caña alta, lo cual los hace aún más chatos.

Los talonadores suelen ser tipos de mente inquieta, ciencias exactas o informática profunda. Al igual que su comportamiento es blanco o negro, o son feos o terriblemente guapos

El tercer tiempo acostumbra a generar una pequeña comunidad del anillo entre los dos segundas [recuerden su concepción siamesa de todo], el talona y el medio de melé. Cuadrilla que por lo general se mantiene a lo largo de la noche y síntoma de que ese feeling que les cité es más o menos sólido. En mi opinión, los talonas no tienen término medio. O son gente muy equilibrada o auténticos manojos de agresividad. Razón por la que son el primer recambio para jugar de flanker, pues no faltarán a la cita con la pelea, justificada o no.

Dimitri Szarzewski.

A menudo son tipos de mente inquieta, relacionados con ciencias exactas o con la informática más profunda. Al igual que su comportamiento es blanco o negro, o son feos –cubistas en estos tiempos de eufemismos- o terriblemente guapos; lo cual no hace sino ahondar en su mito. Sus novias, señoras o lo que sean, son o ellos sin bigote o princesas. Nunca les prometí corrección… Los talonas monos son una especie de Brad Pitt a lo bestia. Mi chica Jennifer dice que Schalk Britts o Malcolm Marx son malotes asquerosamente guaperas.

Antes y después del partido, los talonas suelen salir del vestuario los primeros. Siempre llevan un mochilón de esos con estructura de alpinismo y es un misterio todo lo que pueden llevar dentro. Son muy fans de las botas de trekking y los chaquetones de The North Face… y eso nos lleva a que, durante y una vez dejado el rugby, se les puede encontrar en la alta montaña. Razón por la que tienen predilección por vehículos con volumen disponible. Todo este linaje atribuido a la primera línea y vamos ya introduciendo los números 1 y 3: tarde o temprano acaban haciendo un viaje secreto a Escandinavia. Una especie de peregrinación vital a sus ancestros del Walhalla, lo cual evidencia que han hecho varias veces el Camino de Santiago, y así lo demuestran las tiras de colores de su mochila.

Como talona de mis andares, me acuerdo del Furia y su cita psicópata: «¡Señores, las abiertas se pisan! ¡Seee piiiiiisan! ¡Seee piiiiiisan!», te repetía psicóticamente, agarrándote por el cuello del polo hace ya 27 años, en un vestuario que aún huele a linimento y que, de la testosterona allí derramada, cualquier virgen podría haber quedado encinta solo sentándose en el banco.

Seguimos…

Ollie Le Roux, Naka Drotske y Os du Randt, en la RWC 1999.

El 1 no es el 3 y lo digo porque, a ojos del neófito, es muy posible que no encuentren la diferencia entre ambos pilieres. [Yo] tampoco. El prop, pilier o primeras, es lo que queda de la línea Maginot. De los acorazados. Son el Yamato o el Iowa. Tipos realmente duros, con un incorregible comportamiento de osito Ted, ya estén bebidos o no. La peor combinación suele presentarse en aquéllos en los que la pubertad aún no se ha evaporado y su fortaleza se desparrama fuera del campo en noches de juerga que suelen acabar mal. Un pilier que rompe la línea es un Panzer de la Wehrmacht a campo abierto hacia Moscú, levantando la hierba en primavera. No lo olviden nunca, se me ponen los pelos como escarpias.

Arquetiparé al prop en torno a la O al cuadrado: Ollie Le Roux & Os du Randt. Como ven, todo queda en Sudáfrica. Un par de artefactos salidos de un laboratorio secreto de Pretoria que, bajo sus ciento y más kilos, debieron hacer entender a muchos aquello de  f  = m  · a. Curiosamente, dos jugadores ya retirados y pertenecientes al televisor con culo, pero que engloban los dos modelos reinantes: rápido o aplastador. Paradójicamente, ambos jugaron con los Cheetahs y su running rugby. Imagino que influenciados por el llano infinito que es Bloemfontein, lo cual no deja de ser una rareza en el manual del rugby sudafricano, donde el dribbling es un accidente de mal gusto. Eso se deja para los afrancesados.

Ollie corría, fintaba y pasaba. Una especie de Rhino-Cheetah. Os ya era otra cosa: correr poco, aplastar todo. Una especie de tiranosaurio full ahead, al que la inercia de cinco metros le hacía imparable. Se me ve el polo verde y oro, lo sé, pero las primeras líneas de dios o del diablo siempre han sido sudafricanas. No señores, no es el pilier un tipo inmóvil y torpe. Los tiempos cambian y llegan las camisetas ajustadas, los gemelos depilados y también los running props haciendo bueno eso de que los gordos, a campo inclinado, se desatan bajo La primavera de Vivaldi de fondo. ¡Viva el vino y los Jaguar de gasoil!

Cuando deja el deporte, el ‘pilier’ se ve desbordado por la personalidad arrebatadora que lo posee. El complejo de estar gordo quedó atrás hace años, se viste moderno y se torna en el Paolo Maldini del rugby. ¡Todo le queda bien! Unos pitillos, una camisa ‘tartan’ o unas zapatillas ‘animal print’

Sus chicas suelen ser bastante discretas en todo. Mujeres muy educadas y con formación, que miran el interior. Y como para no verles el exterior a estos cuadrumanos. Y de nuevo libre de complejos (si se ofenden por géneros y números, les remito a la comisión para la igualdad de Charles Darwin) y opuestamente a lo que pudieran pensar, en algunos casos sus parejas pueden ser auténticos monumentos Gucci a las que, bajo una personalidad arrolladora, les pone pestañitas aparecer columpiadas del brazo de un troll cúbico, cuya altura es equivalente a su envergadura post-almuerzo. Para mí, el arquetipo de primera malote con cara angelical bajo la última afirmación es Martín Castrogiovanni. Un extra para una peli de Jason Statham en Moldavia que, a la par, perfectamente puede hacer de babysitter en una dulce comedia de un villano reinsertado o de barítono en El barbero de Sevilla. El Rossini de los mamporros. El incorregible pilier de 189 centímetros y 126 kilos de peso puede salir en Juego de Tronos, en un anuncio de Benetton o posar con una cesta de gatitos. Estamos ante la navaja suiza de la publicidad.

Martin Castrogiovanni, ex pilar de Italia.

En el tercer tiempo, tanto si el pilier es argentino o no, suele encargarse de las brasas y formar una tertulia con sus rivales y el nueve. Están en bermudas, camisetas CCC y chanclas. No hay rencor entre primeras opuestos. El animal grande siempre es noble.

España, por eso de los costaleros, lo tiene todo para ser tierra de grandes pilieres: pues qué mayor melé que el temple de no colapsar un paso de Semana Santa. Se junta todo: el silencio, el estoicismo y la fuerza. Decálogo del rugby. También es una touche, pues se impulsa al cielo lo más importante de la creencia divina. Incluso en las Islas Canarias, los enormes luchadores del deporte vernáculo tienen la oreja ya de coliflor de sus melés particulares de a uno, trabajan flexionados y saben mucho de colapsar o tirar gente al suelo. ¿Imaginan una especie de haka guanche? Existe por ahí, a la deriva de las barras de bar, una coletilla atribuida al ex seleccionador español Bryce Bevin, el cual en su momento habría comentado que los tipos más grandes del mundo los había visto en la Lucha Canaria, y que se podría formar una primera de máximo nivel… Cierto o no, es una cita de potencial.

Cuando deja el deporte, el pilier se ve desbordado por la personalidad arrebatadora que lo posee. El complejo de estar gordo quedó tras el horizonte hace años y, en una explosión de imagen, se viste moderno y se torna en el Paolo Maldini del rugby. ¡Todo le queda bien! Unos pitillos, una camisa tartan o unas zapatillas animal print. ¿Ven como sigue sonando de fondo El barbero de Sevilla a todo dar? Envuelto con una sonrisa de teclado de piano a lo Schalk Brits, aparecerá con una bestia de 300 CV al volante, una camisa de raso negra a medio abrochar y un reloj de campanario en la muñeca. Eso sí…nunca se depilará, pues la diva que le pasea -con correa- ama dormir cual gata sobre el mullido pectoral peludo de un animal de 0.15 toneladas. ¡Bravisssssimo! También es posible que le salga la vena empresarial y regente un garito moderno del que es un relaciones publicas nato. Genio y figura es el pilier.

Y mi recuerdo es para el amigo Severino. Pilar del Ciencias RC y CRULL. Maestro arrocero y arquetipo del yo no fui, pero todos tenemos sus nudillos en el recuerdo y algunos, hasta arena en los ojos de jugar sobre tierra en el lecho de un barranco.

Continuará…