Hace unos días murió Uderzo, y todos nos hemos quedados un poco huérfanos de su mundo animado. Varias generaciones, independientemente de ideas políticas u otras parafilias, nos identificábamos plenamente con aquella pequeña aldea de irreductibles galos que resistían, ahora y siempre, al invasor.

Para muchos de nosotros aquella resistencia feroz y tenaz fue nuestro primer contacto con la épica; y aquellos galos narizotas, orgullosos y que se peleaban a la mínima, nuestro primer aviso de que ni siquiera a la épica se la debe tomar demasiado en serio, sin caer en mitomanías peligrosas.

Esto ya habría sido suficiente para agradecer a Uderzo y Goscinny su trabajo, incluso si no nos hubiera hecho interesarnos por la Historia con mayúsculas. Incluso si no nos hubiera hecho sentir seguros en un mundo de fantasía, donde los pequeños siempre acababan dando una paliza al más fuerte.

Pero además, puede que fuese Uderzo el que de forma totalmente inconsciente plantara en nosotros la semilla del rugby con su estilo abirragado y apretado, en el que -la época obligaba- todo eran bigotes, patillas avant Médard y melenazas. Su influencia es tan grande que ante Les Rugbymen, una de las Bandes Dessinées más conocidas en Francia, la primera reacción es de sorpresa al ver que no está firmada por el padre del galo más famoso del mundo, con permiso de Vercingetorix.

Es fácil recordar Asterix en Bretaña, en la que Asterix y Obelix descubrían un mundo nuevo y exótico caracterizado por cerveza templada (mal), jabalí hervido con menta (fatal), y un deporte en el que “una vez que el druida arbitro tocaba el silbato todo valía para llevar el oval al final del campo del contrario”, del que Obelix se enamoraba a primera vista: «Es un juego inteligente». Tras el partido, para sorpresa de los galos, todo eran aplausos y cervezas compartidos entre los equipos contrarios. En aquellas tres páginas apenas anecdóticas, el dibujo exuberante de Uderzo se desplegaba ante nuestra curiosidad creciente por un juego salvaje pero -parecía- tremendamente divertido.

Si además abrimos al azar cualquiera de los libros de Asterix y miramos un poco más cerca hay más, mucho más.

Es cierto que los recuerdos son individuales. Sin embargo, hay muchos que por edad o contexto compartimos de forma más o menos colectiva; y si rebuscamos en nuestra biblioteca es fácil ver que cada pelea multitudinaria en la que toda la aldea acababa involucrada tenía más de partido de rugby que de lucha coreografiada de película, nuestra otra referencia clásica en aquellos tiempos de cine de sobremesa después comer.

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De hecho, Uderzo y Gosciny, durante los más de 40 años que recorre esta saga, incorporaron suficientes personajes secundarios para permitirnos crear el XV de los Irreductibles, y en H nos ha parecido una buena manera de despedirnos de un grande del cómic francés. Con todos ustedes, entrenados por Panoramix y la bardo Magistra, el XV de la aldea gala.

Abraracurcix es no solo un pilier sino el pilier: grande, fuerte y con las suficientes nociones de estrategia como para ganarse ese puesto. A su lado, su mujer Karabella. Rápida y con cintura suficiente para ser la talonadora agresiva que se merece este equipo, es capaz de llevar a la primera línea, y sobre todo a su cerdito, a donde ella quiera. Solo nos falta un tres gordo y de mecha corta, y para eso tenemos a Ordenalfabetix, el genial pescadero que trae pescado “fresco” de Lutetia viviendo en la costa, y que se indigna ante el más mínimo comentario sobre la calidad e sus productos.

De segundas, necesitamos a dos jugadores fuertes en los que se pueda confiar. Que empujen y levanten cuando tengan que hacerlo. Por eso los dos portadores del escudo del jefe son perfectos para estos dos puestos.

Es imposible ver las peleas entre el herrero Esautomatix y Ordenalfabetix por cualquier minucia -¿a quién le importa que el pescado esté más o menos fresco teniendo entrada en primera fila para ver el combate?- y no recordar con una media sonrisa las broncas incendiarias entre primeras y terceras líneas que en realidad nunca llegan a nada. Desconfianza. Ese pase que no llega. O que no se recibe. Además, por físico y carácter socarrón, Esautomátix es el perfecto flanker duro y psicópata.

Obelix es una categoría en sí mismo: la del ocho gordo. Para flanker derecho necesitábamos un estratega flexible, y nos hemos decidido por Prorromanix, ese jefe completamente asimilado por los romanos, que sabe por dónde sopla el viento y cómo aprovecharlo a su favor.

Asterix es un nueve. Nos guste o no, es un protagonista nato. Pequeño, rápido y cerebral. Esto lo convierte en la estrellita del equipo, el elegido para llevar a lo más alto al mismo, el favorito del entrenador, de tu novia y de tu madre.

Además, necesitamos un apertura explosivo, rápido y sobre todo con presencia, que quede bien en las fotos del partido: la mujer de Edadepiedrix encaja como un guante en el puesto. Edadepiedrix es, sin duda, el veterano que sigue jugando pasados los 45, se salta los calentamientos y podría ser el padre de algunos de los miembros más jóvenes del equipo, lo que no le ha hecho perder virulencia en el ataque ni animadores fuera del campo. Con un poco de poción mágica, nos queda un centro muy digno, de esos que se las saben todas. Yellowsubmarine, la mujer del pescadero, tiene una habilidad excepcional en las manos a la hora de manejar la mercancía gran reserva de su puesto. La perfección hecha trece.

Asuranceturix es uno de los alas: incomprendido, aislado. Solitario. Tal vez por eso, intenta compensarlo organizando terceros tiempos, quedadas de tocatas perfectamente milimetradas y creando playlists infames que impone sin piedad en los trayectos de autobús. ¿Quién no ha querido atarlo alguna vez para que no moleste? na vez más, nuestros galos preferidos lo tenían clarísimo. El bardo, amordazado y sin molestar.

Como ala derecha tenemos a Gudurix, el sobrino adolescente y parisino de Abraracurcix, al que sus padres, preocupados por su decadencia moral, han apuntado a rugby para que empiece a curtirse, lejos de tanta fiesta. Ingenuos. Tragicomix, guapo, alto e intenso, compone el perfecto zaguero.

Uderzo también nos inculcó que toda gran aventura, o todo partido en nuestro caso, acababa con comida y cerveza en cantidades pantagruélicas. Levantemos nuestra jarra de cerveza y brindemos por el hombre que nos enseñó que se necesitaba la ayuda de unos galos pequeños y pendencieros para añadir algo de chispa al juego de los bretones. Hoy hasta Asuranceturix debería tomar parte en el festín. Seguro que esta vez afinará.