Uno apenas puede imaginar lo que para un jugador de rugby supone debutar con el XV de Gales: la culminación de todas las esperanzas y los sueños desarrollados durante años formativos; el deleite orgulloso de familiares y amigos… aún más acusado en un país loco por el rugby como éste, lo que siempre añade un plus.

Roger Anthony Bidgood conoció esas sensaciones en enero de 1987. La lesión del titular, John Deveraux, abrió un hueco por el que se coló este luchador a tiempo completo que siempre fue Bidgood, centro de Newport. Ese primer partido debía jugarse con Irlanda, un encuentro clásico en el arranque del torneo Cinco Naciones.

En medio de la felicidad y las celebraciones, sin embargo, Bidgood no podía imaginar que se disponía a vivir el invierno más largo de su carrera deportiva: nada menos que cinco años tuvo que esperar para ganar esa primera y mágica cap, tan anhelada. Cinco años aguardando a pisar el césped sagrado del Arms Park de Cardiff.

Lo que cualquiera pensaría es que una demora de ese tipo tendría que ver con una inoportuna lesión… o quizás una sanción disciplinaria. Pero la realidad fue muy distinta.

El culpable y causante del episodio fue… el mal tiempo. Ni más ni menos. Aquel partido contra Irlanda que debió ser el bautismo como dragón de Bidgood estaba programado para el 17 de enero de 1987, e iba a abrir el torneo de ese año. Pero la tremenda helada que había caído sobre la capital galesa dejó el campo impracticable y el encuentro fue suspendido. Y el debut internacional de Bidgood quedó temporalmente congelado.

Para cuando Gales tuvo que afrontar su segundo partido del Cinco Naciones, contra Francia en París, John Deveraux se había recuperado de sus molestias y estaba en condiciones para jugar. Así que las esperanzas de Bidgood, el bombero de Whitchurch, quedaron a la intemperie… Tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos de su sueño de vestir la camiseta del Dragón.

Tuvieron que pasar nada menos que otros cinco años hasta que Bidgood fuera llamado de nuevo a una convocatoria: fue contra Escocia, el 21 de marzo de 1992. Ese día formó pareja en el medio campo con Scott Gibbs en un equipo capitaneado por una de las más rotundas leyendas del incierto rugby galés en los años 90: Ieuan Evans.

Bidgood, en una de sus cinco internacionalidades con Gales.

Gales ganó aquel partido por 15-12, gracias a un ensayo de Richard Webster y 11 puntos anotados con el pie por un pateador excepcional, y muy recordado, como Neil Jenkins.

Bidgood jugaría hasta en cinco ocasiones con Gales. Su único ensayo internacional fue en la victoria contra Zimbabue, en el año 1993 en Harare. Ese mismo año disputó su último encuentro con el XV del Dragón, contra Japón en Cardiff: una despedida con victoria amplia por 55-5.

En el plano doméstico, Roger Bidgood tuvo una larga y cambiante carrera. Jugó en las filas de Newport, Cardiff, Pontypool, Pontypridd, Rumney, Caerphilly, Newbridge y Blackwood, además de haber formado por invitación con los XVs de Barbarians y Monmouthshire. En la temporada 1993/94 fue capitán en Newport.

Su nombre es uno de los que siempre aparecen en recordatorios del sinnúmero de jugadores que en algún momento vistieron la camiseta de Gales en los años 90. 

Tras retirarse del rugby en activo, ejerció como entrenador en Blackwood, Caerphilly y Risca. Y en 2016 fue concejal en el condado de Caerphilly Borough, en representación del partido nacionalista Plaid Cymru. «Quería devolverle a mi tierra algo de lo que me había dado y, orgulloso como estoy de mi condición galesa, el único partido por el que podría dar un paso adelante tenía que ser por obligación el Plaid Cymru”.

Durante más de 30 años, Bidgood se ganó la vida como bombero, entre 1983 y 2014: un logro aún más gratificante que cualquier trofeo deportivo que hubiera podido cosechar. Y además, se puede decir con seguridad que Roger Bidgood incendió con su rugby una buena cantidad de tardes de invierno en los campos de Gales.