«El pasado es un país extranjero: allí las cosas se hacen de manera distinta», es la inmortal primera línea de El mensajero, la obra de L. P. Hartley, que condensa de manera ingeniosa los problemas inherentes a la memoria y la historia. Distantes, intangibles, poco fiables y a menudo perdidas, nuestras historias, sean a nivel personal o colectivo, son recordadas a medias, en el mejor de los casos; y en el peor, tergiversadas de manera interesada.

Hace ahora 14 años, en 2005, Gales viajó a Edimburgo libre de inquietudes: en el 6 Naciones de aquel año se había impuesto ya a Inglaterra, Francia e Italia… y una victoria en Murrayfield ponía al equipo ante la tesitura de enfrentarse a Irlanda, en el último encuentro del torneo en Cardiff, con posibilidades de llevarse el título y el primer Grand Slam en 27 años.

Ahora, adelantemos el tiempo hasta la actualidad, este 2019, y repasemos el calendario, los resultados y las opciones que de ellos se derivan para el conjunto de Warren Gatland: los triunfos ya sumados, Edimburgo el sábado, Irlanda después… Aquí estamos, de nuevo: la nostalgia y el dèjá vu componen una buena pareja de medios.

Así que, este próximo fin de semana, Gales tiene mucho que ganar… y aún más que perder. Es un poco como una semifinal en un torneo de copa, situación con la que este equipo está ahora mucho más familiarizado de lo que lo estaba el de 2005.

En muchos aspectos, los partidos, los propios equipos y hasta el rugby en sí mismo son ahora muy diferentes de lo que eran aquel soleado sábado escocés. Pero también podemos advertir algunas similitudes muy notorias. Y, de nuevo, si Gales vence a Escocia en su campo el sábado, se medirá con Irlanda con el Grand Slam de fondo, una semana más tarde en Cardiff.

En 2005, Gales jugó el partido definitivo después de sólo seis días de descanso tras el choque en Edimburgo. Irlanda tuvo una semana completa entre partido y partido. Esta vez ocurre al revés: Irlanda se mide en la cuarta jornada a Francia, en Dublín, el domingo, lo que reduce un día su tiempo de recuperación.

Desde 2005, los Grand Slams y los títulos en el 6N han sido más frecuentes para Gales de lo que eran entonces. En aquellos días el equipo tuvo que manejarse con sensaciones nuevas, desconocidas… Y, sin embargo, de manera inesperada, aquel día el equipo dirigido por Mike Ruddock borró del mapa a Escocia, en una primera parte en la que destapó el tarro de sus esencias con una alegre exhibición ofensiva que le llevó por delante al descanso nada menos que 38-3.

La primera mitad de encuentro de 2005 en Edimburgo debe de estar entre las mejores actuaciones de un equipo de Gales en toda su historia: los hombres de Mike Ruddock jugaron como si estuvieran poseídos por los fantasmas de Barry John, Phil Bennett, Gareth Edwards y JPR Williams…

Si los hombres de rojo abrigaban alguna inquietud o estaban nerviosos ante la enormidad del desafío, se deshicieron de ellos a los cuatro minutos de partido, cuando el ensayo de Ryan Jones los puso camino de la gloria.

Aquella tarde, los galeses jugaron como si estuvieran tocados por una gracia heredada de sus predecesores… como si el espectro de los Barry John, Phil Bennett, Gareth Edwards y JPR hubiera poseído sus cuerpos. Así produjeron una actuación de rugby de ritmo alto y destreza en las manos, uno de esos partidos que masajea el espíritu de cualquier aficionado.

La primera mitad del encuentro en Edimburgo debe de estar entre las mejores actuaciones de un equipo de Gales a lo largo de la historia: tres ensayos en los primeros 14 minutos y una ventaja insalvable para el equipo escocés que dirigía Matt Williams.

Así que, después de semejante exhibición, Gales regresó a Cardiff para preparar el último encuentro, con los dedos de la mano ya rozando la victoria suprema: el título del 6N y el Grand Slam. Irlanda, que había caído ese año contra Francia en Dublín (19-26), tendría que imponerse a Gales por al menos 13 puntos para negar la victoria final de los Dragones.

El otro candidato al título aquel año -la Francia de Yachvili, Michalak, Rougerie, Thion, Betsen, Jauzion, Bonnaire, Chabal et al, dirigidos por Laporte- sólo tenía una oportunidad de invalidar la ecuación que daba campeón a Gales: vencer por 42 puntos en su último partido en Italia.

Los franceses cumplieron su parte: ganaron 13-56 en Roma.

Pero Gales no dejó escapar su oportunidad. Los ensayos de Gethin Jenkins y Morgan, junto a las conversiones, penales de Stephen Jones y Gavin Henson (que añadió además un drop) determinaron la victoria de los Dragones por 32-20. Gales tenía el título y, casi tres décadas más tarde, el Grand Slam.

Los días que siguieron resultaron inolvidables para cualquier aficionado galés. Ahora la historia regresa con otro círculo similar y la posibilidad de una repetición de escenarios. Veremos si también reproduce el mismo desenlace. Mientras lo descubrimos, estos días los galeses aguardamos a que el equipo de Gatland regrese al futuro y convierta el pasado en un país más familiar: uno en el que sus habitantes hagan las cosas exactamente igual que en el nuestro.