Los biterrois son noticia por estos lares porque se llevan a uno de los nuestros, al centro valenciano Álvar Gimeno. Enhorabuena para los concernidos. Que los de Béziers cumplan de un tiempo a esta parte es suceso que confunde a algunos. “Las viejas glorias”, señalan unos; “un histórico”, apuntan otros, y no falta quien, sin saber por donde truena, apostilla “el rugby champagne de ayer”.

Pues no. Nunca. Jamás. Trinitotolueno, TNT, acaso. Mejor cualquiera de las pruebas atómicas hexagonales en el atolón de Bikini. Eso era el Béziers histórico, con algún adobo, claro, de la chispa vital de cualquier Camberabero. Pero sin protagonismos excesivos. Parece entonces que la contundencia de Gimeno, su juego fulgurante a la par que físico, verán en aquel club francés un entorno perfecto para su desarrollo, arropado de consuno por algún león de nuestro XV que allí juega su rugby.

Béziers ganó el primero de sus seis títulos en 1971: es un club clásico de los años 70 y 80, que ahora regresa a ProD2 después de caer a partir de 2006 desde el Top14 a la Fédérale 1

Como Marco Pinto o Tomás Munilla son esos de los que hablamos y hacen, por tanto, tres españoles entre aquellos que defienden los colores también rojos de Béziers, no será superfluo recordar ciertos detalles del club que los acoge.

Fue en 1971 cuando la AS Béziers conoció el primero de sus seis triunfos en el campeonato francés. Un clásico del sureste  en los 70, los años que llamaron la période Bonheur, reconstruido por Raoul Barrière, arquitecto de le Grand Béziers, que en los 80 iba a ganar también le Bouclier en 1980, 1981, 1983 y 1984, merced a mastodontes (aun para los parámetros actuales) como Vaquerin, Estève, Palmié o Martin, algunos de los mejores representantes de la escuela de juego de delanteros ideada y pensada por Raymond Barthès y Pierre Danos,  quienes en los 60 estudiaron hasta el detalle a neozelandeses y sudafricanos para dotar a los tres cuartos occitanos del complemento eficaz de una delantera terrorífica.

Los 90, transición hacia el modelo profesional pleno, nada bueno llevaron a los de Hérault, eclipsados totalmente por los catalanes del USAP de Perpiñán. Sus cuatro años en TOP 14 (2002 a 2006) acabarán, tras una estancia penosa en ProD2, en la simpática Fédérale 1. El retorno (2011) y consolidación en la segunda categoría del rugby francés hace justicia a la más que centenaria historia de la AS Béziers.

Un ejemplo inicial de los años de gloria de la Association Sportive Biterroise fue el mencionado 1971. En la final contra los toloneses (“pilou-pilou”), el zaguero Jacques Cantoni diseña un ensayo desde su marca que anota René Séguier. Cantoni no llegó a verlo, entretenido con un nuevo diseño de esa prenda guerrera y de abolengo que la caballería mercenaria croata exportó a la Europa Occidental. Cantoni, la trucha desde entonces, tampoco terminó aquel partido, muestra esencial de furor gallico que compone el reverso tenebroso de eso que alegremente mentan algunos, sin serlo más que a destellos, como espumosa característica del rugby francés.

Aquella iba a ser la  victoria de uno de los mejores clubes de Francia,  cimentada en el tiempo por jugadores como los de la dinastía Camberabero (Lilian, Guy, Didier y Gilles), el formidable pilier Philippe Gallart, el apertura Henri Cabrol o Alain Carminatti, aquel díscolo y gigantón tercera centro que debutará ante los All Blacks de Wayne Shelford en 1986 y al que su temperamento llevó a sanciones reiteradas y a un periplo desafortunado por el código treceísta. 

Los jugadores de Béziers celebran el título ganado en el 71 a Toulon.

Y, naturalmente, sujetos peligrosos (un hecho objetivo, más que un calificativo), como el mítico Jean Sébédio, “el Sultán”, jugador de pelota vasca que descubrió el rugby en 1908 y que militó también en Biarritz, Nîmes, Tarbes o Carcasona, movilizado durante la Primera Guerra Mundial en Siria y detenido en Dublín después de la primera victoria francesa a domicilio en el Torneo de las V Naciones, por entonar canciones republicanas con simpatizantes del IRA, a la par que terror de los árbitros del campeonato francés.

O los dos Alain, Paco, pilar contundente y compacto, pieza clave de un paquete que incluía a un homónimo segunda, Estève,  el grandullón  de 202 centímetros que mejor golpeaba en las costillas al talonador contrario en cada melé (prueba de carácter para el agredido caída en desuso en lugares donde el orwelliano TMO manda) y a su par Michel Palmié, futuro directivo del patrón Ferrasse,  alejado de la selección y del juego después de un desgraciado incidente de culpa inequívoca en el que un adversario sufrió severas lesiones y al que la federación de Tonton recompensó como queda dicho. A qué seguir, sino con el granítico y temerario Armand Vaquerin, primera línea que se pegó un tiro en 1993 jugando con una pistola en un bar de su propiedad.

Todo en la más pura costumbre de una época rodomontesca de los clubes del sur de Francia: rugby del terruño, bravucón, pendenciero y divertidísimo, qué le vamos a hacer. La dedicatoria que Vaquerin mereció, digna de la pluma del ingenioso espadachín de Bergerac, es toda una declaración de principios, o al menos lo fue:

Partout, pendant quinze ans sur des terrains atroces,

Les mêmes éléments jamais désaltérés
Avaient construit l’immense empire inaltéré,
Citadelle invaincue, au prix de chocs féroces.

Ignorant l’aléa laissé à des Tyrosse,

La victoire éphémère, les lendemains terrés,
Cette armada si forte ne put être atterrée
Figure emblématique de vieux rhinocéros.

Des trois-quarts à l’arrière l’esprit restait classique ;
Mais qui, tête de proue par les dimanches vagues,
Au temple 
Sauclières étonnaient les caciques?

Superbes et vainqueurs, irrésistible vague

Qu’on voyait déferler : les avants de Béziers

Les avants de Béziers, les avants de Béziers.

Es algo con que hay que contar, que no a todo el mundo le constan los ingredientes que se cuecen en cada una de las divisiones galas, que puede convertir un partido entre las huestes de Mauléon-Licharre y las de St Jean Pied de Port en Verdun, más feroz cuanto más terroir. A Álvar, seguro, todo eso se lo van a contar con más detalle. Esprit de corps, probablemente.