No  es exagerado decir que desde el último Mundial celebrado en 2017 el rugby femenino ha explotado a nivel internacional. Y la onda expansiva ha sacudido los cimientos de las estructuras, del juego y del interés de los aficionados y aficionadas, y ha creado un nuevo paradigma del que ya (esperamos) no nos podamos bajar.

Este sábado arranca la que será la primera Copa del Mundo de rugby femenino profesional, y eso es en buena parte gracias a las Red Roses inglesas. Su implacable superioridad ha arrastrado a Nueva Zelanda, Gales, Italia y Escocia a dar el salto hacia el modelo profesional, y muchos de los equipos ya lo son también part-time, como el caso de Francia, Estados Unidos o Canadá, o bien tienen jugadoras con contratos profesionales, como Sudáfrica.

Con un trofeo todavía sin nombre en juego (lo que no habla muy bien del interés de los máximos mandatarios, en un deporte en el que cada partido incluso dentro de un torneo específico tiene su propio nombre, una historia, una copa separada y un hype enorme alrededor) podemos aventurarnos a nombrar a tres equipos como claros favoritos a levantarlo.

  • EL RIVAL A BATIR: LAS RED ROSES

No es ningún secreto que Sam Middleton ha construido el que ahora mismo es el equipo más dominante que ha visto este deporte, masculino o femenino, comparable a los ya míticos All Blacks de 2015. Tras obtener los primeros contratos provisionales en 2017 y caer en la final del último Mundial 41-32 ante Nueva Zelanda, la RFU fue la primera federación en profesionalizar en 2019  a su equipo femenino, con 28 contratos sobre la mesa. Todo esto y la mejor liga de rugby femenino del mundo nos han llevado al punto en el que estamos hoy, en el que las inglesas atesoran la racha más larga de partidos ganados en la historia de este deporte (de nuevo, masculino o femenino) con 25 victorias consecutivas. No sólo eso, sino que son muy pocos los conjuntos que han conseguido ponerlas siquiera en problemas en los últimos años.

Para cualquiera que haya visto jugar últimamente a las Red Roses resulta evidente que están un escalón por encima en lo físico, táctico y mental respecto al resto de equipos. Sus jugadoras, desgranadas una a una, son terriblemente temibles y asombrosamente talentosas: Marlie Packer -o como nos gusta llamarla, mamma bear-, probablemente la mejor jugadora del mundo ahora mismo con un nivel de contacto espeluznante; Emily Scarratt, Sarah Bern, Abby Dow (recién recuperada de la lesión que sufrió en el pasado 6 Naciones), y la lista sigue y sigue…

Las inglesas están encuadradas en el grupo C, junto con Sudáfrica, Fiyi y el que lleva años siendo el único rival a su nivel competitivo y nuestro siguiente equipo a analizar: Francia.

  • CHAMPAGNE CON DOBLE DE BURBUJAS: ‘LES BLEUES’

Ningún equipo ha puesto en aprietos en los últimos años a Inglaterra como lo ha hecho Francia, y ¡oh destino cruel!, han ido a caer en el mismo grupo en esta Copa del Mundo de Nueva Zelanda. Si el mejor calificativo para las inglesas es dominantes, para las francesas sería eléctricas. Con un equipo plagado de talento, ninguna quiniela que se precie puede dejar fuera al equipo francés.

Con nuestras dos medio melés favoritas del panorama internacional en plantilla, Laure Sansus y Pauline Bourdon (que se perdió el 6 Naciones por un accidente doméstico cortando un aguacate… nuestros vecinos siempre tan excéntricos); la mejor jugadora de rugby XV de la década y una máquina en conseguir patadas 50/22, Jessy Tremouliere; una segunda temible con Madoussou Fall y Safi N’Diaye; y unas ball carriers de la talla de las gemelas Menager, el peor enemigo de las Bleues son ellas mismas.

Ya las hemos visto en multitud de ocasiones ser capaces de lo mejor y de lo peor. Y, con seis bronces mundiales en su haber (1991, 1994, 2002, 2006, 2014 y 2017), las francesas esta vez van a por más.

Pero ahora viene lo más raro de todo este asunto. Tras conseguir unos resultados excelentes, a pesar de no ser un equipo profesional full-time, en mayo la federación francesa anunció que Thomas Darracq sería el nuevo Head Coach del equipo, dejando a la anterior entrenadora Annick Hayraud en el puesto de manager. El resultado: las francesas cayeron en su último partido de preparación (26-19) ante Italia.

¿Qué cara de las Bleues vamos a ver en el Mundial? Sólo ellas lo saben.

  • EL ANIMAL HERIDO: LAS BLACK FERNS

De los grupos restantes, las neozelandesas han ido a parar al A, con mucho que demostrar ante Australia, Gales y Escocia (en el B, que no tocaremos en este artículo, competirán Canadá, Estados Unidos, Italia y Japón). Las Black Ferns llegan como defensoras del título y campeonas de cinco de las seis últimas Copas del Mundo celebradas (1998, 2002, 2006, 2010 y 2017), pero están atravesando sin duda la peor crisis de su historia.

Para ponerlo en contexto, Nueva Zelanda sólo había perdido 12 partidos a lo largo de toda su trayectoria, y  cayó en la friolera de cuatro en la ventana de noviembre que disputó ante Inglaterra y Francia, después de dos años sin disputar ni un solo encuentro por las restricciones de la COVID.  Y no sólo eso, sino que marcaron un récord negativo como las cuatro derrotas por margen mayor de su historia.

Por si esto fuera poco, a la vuelta del tour europeo el Head Coach, Glenn Moore, se vio envuelto en un escándalo que desbarató el rugby femenino del Pacífico, acusado de bullying, misoginia, marginación de las jugadoras por cuestiones étnicas y body shaming: esto es, burlarse de las características corporales de alguna de sus jugadoras. El resultado fue impactante ya que, tras una investigación por parte de la federación neozelandesa que constató los problemas existentes, Mark Robinson, director ejecutivo de la NZRU, decidió mantenerlo en el cargo, y fue él mismo quien renunció una semana más tarde por la fuerte presión mediática y social.

Y ahora las buenas noticias. Para sustituirlo llegó un hombre que no necesita presentación: EL ENTRENADOR en mayúsculas, Wayne Smith, culpable para muchos de la época dorada de los All Blacks, que ha vuelto de su retiro para rescatar los pedazos del equipo femenino neozelandés. Según sus propias palabras, «una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida». Y además, en enero llegó la deseada profesionalización del equipo.

Si las Black Ferns ya son peligrosas en condiciones normales, ahora su orgullo está herido. Y en un Mundial en casa tienen mucho que demostrar. Con una plantilla muy completa, encabezada por Kendra Cocksedge, la jugadora con más caps de la historia de las de negro y que se retirará tras esta Copa del Mundo, las incorporaciones del rugby siete van a ser determinantes: Portia Woodman (probablemente la jugadora más conocida del rugby internacional por méritos propios), Ruby Tui, Stacey Fluhler y Sarah Hirini apoyarán a un equipo que ya de por sí atesora potencia de sobra, encarnada en jugadoras como Kennedy Simon o Ayesha Leti-I’iga.

Un menú más que apetitoso para abrir boca al mes de rugby femenino non stop… un acontecimiento que, pandemia por el medio, llevamos más de cinco años esperando.