La primera edición de la Copa del Mundo, jugada entre Nueva Zelanda y Australia en 1987, supuso el arranque de una competición que, desde entonces, se ha convertido en el tercer evento deportivo más importante del mundo. Sin embargo, como es bien sabido, mucho antes de la creación de la RWC ya existían varios torneos internacionales.

El 6 Naciones, el torneo de torneos en el planeta oval, hunde sus raíces en el tiempo hasta el primer partido entre  dos selecciones de la historia, el que jugaron Inglaterra y Escocia en 1871. Indiscutiblemente hablamos del enfrentamiento deportivo más antiguo en cualquier código.

Por lo que respecta a los Juegos Olímpicos, el rugby apareció por primera vez en la edición de 1900. En aquellos días, los países fiaban su reprentación a clubes y condados concretos, designados para tal fin. Así, en los Juegos de 1908 Gran Bretaña estuvo representada por Cornwall, el condado campeón en aquel momento. Y, por sorprendente que parezca desde la perspectiva actual, el campeón olímpico de 1920 y 1924 fue Estados Unidos. Dado que el XV ya no ha vuelto jamás al programa olímpico (en los Juegos de Río debutó en versión seven), los norteamericanos aún son los vigentes campeones olímpicos.

Ni el 6 Naciones, que hunde sus raíces en el primer partido internacional de la historia entre Escocia e Inglaterra, ni los primeros Juegos Olímpicos pueden discutirle a la King’s Cup su condición de ser el primer torneo ‘mundial’

Sin embargo, ni el 6 Naciones -en sus distintas versiones hasta el día de hoy-, ni tampoco los Juegos Olímpicos pueden disputarle a la Copa del Mundo de rugby su condición distintiva: la de ser la primera competición global de la historia del rugby. En realidad, sólo un torneo podría discutir esa exclusividad: hablamos de la King’s Cup, que se jugó una vez finalizada la I Guerra Mundial y en la que tomaron parte equipos europeos, americanos, africanos y de Australasia.

Aunque las hostilidades bélicas cesaron con la firma del Armisticio el 11 de noviembre de 1918, el bloqueo naval a Alemania se mantuvo hasta la firma del Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919. Fue ese acuerdo el que marcó el inicio de la desmovilización de miles de soldados británicos que, junto con sus aliados de la Commonwealth, debían emprender el paulatino regreso a casa.

El libro que relata la historia de la King’s Cup.

A lo largo de la guerra el rugby, al igual que otros deportes de equipo, fue usado como recurso para mantener ocupados y en forma a los soldados, durante los largos meses que pasaban en las líneas de retaguardia. Iniciado el año 1919, los administradores del deporte oval decidieron montar una serie de partidos en Twickenham y otros estadios del Reino Unido, aprovechando el gran número de hombres de ultramar desplazados, forzados a pasar meses en Europa antes de emprender el camino de regreso a sus países. Así nació la King’s Cup.

Se aprobó un formato de liga todos contra todos en el que tomaron parte seis equipos. El nombre oficial del torneo fue éste: Inter-Services and Dominions Rugby Championship. Y participaban los siguientes seis equipos: el Ejército Británico, el Ejército de Nueva Zelanda, las Fuerzas Imperiales de Australia, las Fuerzas Sudafricanas, las Fuerzas de Expedición de Canadá y la Real Fuerza Aérea (RAF) inglesa.

En definitiva, un contingente multinacional cuyos enfrentamientos iban a suponer el primer torneo mundial de la historia, con equipos de cuatro continentes distintos que representaban a cinco países.

El Ejército Británico ganó todos sus partidos… excepto contra sus homólogos de Nueva Zelanda. Los kiwis parecían en disposición de llevarse el torneo sin derrota, pero caerían frente a Australia. Y éstos, por fin, tampoco pudieron completar el pleno porque cedieron un par de derrotas en sus cinco partidos. De tal forma que británicos y neozelandeses quedaron empatados al frente de la clasificación, con cuatro victorias cada uno.

Tal y como sostienen Howard Evans y Phil Atkinson en su libro dedicado al torneo, los británicos (bajo la nomenclatura de Mother Country) tenían mejor goal-average, pero en el choque entre ambos durante la liguilla habían sido los neozelandeses los que vencieron: “La decisión de que hubiera una ‘final’ después de la liguilla parece coherente, aunque en aquellos tiempos ese tipo de formato de competición resultase inusual: lo más probable habría sido que la competición acabara en un anticlimático ‘empate’ a puntos, o que ganase el de mejor diferencia de puntos”.

El Ejército Británico y el de Nueva Zelanda acabaron el torneo empatados a puntos al frente de la tabla: en el partido definitivo, los oceánicos se impusieron 9-3 y recibieron el trofeo de manos del rey Jorge V

Sea como fuere, se decidió jugar un partido decisivo, a modo de final, para designar al campeón. Twickenham, cómo no, acogió el choque el 16 de abril de 1919, a las tres y media de la tarde. 10.000 espectadores, entre ellos el Príncipe de Gales y el primer ministro neozelandés, William F. Massey, asistieron al encuentro. Y en el partido, el ejército de Nueva Zelanda batió al Británico por 9-3: dos ensayos de Ford y Singe, más un golpe pasado por Stohr, frente al penalty anotado por el inglés Camberlege (se puede leer la crónica completa del partido en este enlace).

Tres días más tarde, Nueva Zelanda también se impondría en el mismo escenario al combinado del Ejército Francés. Al finalizar aquel encuentro, el rey Jorge V les hizo entrega a los kiwis del trofeo de vencedores en la King’s Cup.

Habrían de pasar algunos años antes de que, primero el fútbol (en 1930) y mucho más adelante el propio rugby (1987), consolidasen sus respectivos mundiales, tal y como hoy los conocemos. Pero, si se atiende a la naturaleza multinacional del torneo, la King’s Cup puede ser considerada, de manera justificada, como la primera copa mundial jamás jugada.