¿Quién nos iba a decir que en abril de 2019 estaríamos escribiendo un análisis sobre las capacidades rugbísticas de Ma’a Nonu? Todavía recordamos jugar al videojuego Rugby 2005 con los All Blacks. Siempre alineábamos como centros a Tana Umaga y al propio Nonu, porque los dos llevaban rastas, y molaban. Después descubrimos que, además de molar, también jugaban al rugby bastante bien. A día de hoy quedan pocos jugadores que salieran en aquel juego. Además del actual jugador de los Blues, recordamos a Dan Carter, Joe Rokocoko o George Smith.

Si hacemos esta pequeña introducción es para que podamos poner en perspectiva la magnífica trayectoria de Nonu, y valorar en su justa medida el buen rendimiento que, aún hoy, sigue mostrando semana tras semana al más alto nivel.

Ciertamente, estaríamos equivocados si en nuestro ejercicio de memoria tratásemos de proyectar al jugador de hace diez años en el presente. El tiempo pasa para todos, y los jugadores de rugby (más que nadie, seguramente) también lo notan. Por eso, aunque queden algunas reminiscencias puntuales de lo que fue, no podemos esperar al Nonu físicamente explosivo de hace años: aquel tipo con un tren inferior de otro planeta, al que daba miedo placar, se ha ido transformando con el paso del tiempo en un jugador extremadamente cerebral. O mejor dicho, ha ido mejorando sus capacidades de pase, patada y lectura de juego que, en realidad, y aunque el estereotipo físico ha estado muy presente en su carrera, siempre fueron las principales bases de su juego.

En su vuelta a Nueva Zelanda tras su aventura francesa, Nonu ha encontrado continuidad en los Blues entrenados por Leon MacDonald. El que fuera jugador de Crusaders ha optado por mantener un bloque semana tras semana, lo que en la franquicia de Auckland supone una novedad. En este contexto, y ante la recurrente baja de Sonny Bill Williams, Nonu ha formado pareja de centros de forma habitual con TJ Faiane. A pesar de que en el primer partido de la temporada el veterano centro jugó con el número 13 a la espalda, para el resto de partidos se han cambiado las posiciones, y ha sido Faiane quien ha partido como segundo centro. Es bastante probable que este cambio de roles tenga que ver con las comentadas carencias físicas de Nonu. Trataremos de explicarlo con algo más de profundidad.

El principal argumento para que Nonu juegue cerca del apertura es la defensa que practican los Blues. En el rugby moderno ya es habitual ver al segundo centro y al ala exterior subir la línea de la defensa por encima del apertura y del primer centro. De esta manera, se forma una línea diagonal que trata de asfixiar la transmisión de la pelota del equipo atacante, y le obliga a que el impacto se produzca más cerca del ruck precedente. Es una táctica que ha sido importada desde el Rugby League, por eso es tan habitual en los equipos de élite que los entrenadores de la defensa tengan un pasado relacionado con esta disciplina. Shaun Edwards es seguramente el caso más evidente.

Pues bien, para ser uno de los jugadores que lidera la subida de la línea defensiva desde el exterior, se necesitan grandes dosis de lectura de juego y velocidad. Y, aunque Nonu va sobrado en la primera de ellas, la rapidez no ha sido nunca una de sus cualidades, por lo que cuando ha jugado como segundo centro ha sufrido para realizar placajes a campo abierto. Tanto él como su equipo se encuentran más cómodos cuando defiende cerca del apertura y tiene que afrontar placajes más sencillos, en los que el portador del balón tiene menos espacio por el que escapar. Además, su compañero Faiane se ha destapado como un especialista en acciones defensivas, por lo que el propio Nonu adquiere menos responsabilidades en este tipo de acciones y se centra más en generar juego ofensivo para sus compañeros.

A pesar de su gran momento de forma, que incluso ha llevado a la prensa a especular con una posible vuelta a los All Blacks, el centro de Wellington no es el principal generador ofensivo de su equipo esta temporada. Dos jugadores se han destapado en este aspecto más que ningún otro: Melani Nanai y Tom Robinson. Junto a ellos, los hermanos Ioane (como finalizadores) son los principales argumentos atacantes del equipo de MacDonald.

En un plano secundario aparece Nonu que, a pesar de encontrarse a la sombra de sus compañeros, está pudiendo demostrar lo completo que es su catálogo de recursos. Como ya hemos dicho antes, aunque su apariencia tosca parezca indicar lo contrario, es un jugador extremadamente técnico y cerebral, que genera enormes ventajas para sus compañeros a través del pase y la lectura del juego. En muchas ocasiones actúa como un segundo apertura, que además confunde a la defensa, ya que ésta no sabe si va a pasar el balón o va a chocar. Su lectura de juego le permite organizar a los compañeros que le rodean para que la jugada previamente marcada salga a la perfección, como podemos observar en el siguiente ejemplo:

En cualquier caso, como jugador inteligente que es, no renuncia a utilizar su físico para generar ventajas. A pesar de que ha dejado de ser efectivo en espacios muy amplios, puede ser realmente útil en contextos en los que los dos equipos se encuentran encerrados en muy pocos metros de terreno de juego. Supone un balón de oxígeno para su equipo cuando se encuentra en una situación delicada dentro de su propia línea de 22.

En caso de jugada de set piece a favor, siempre es utilizado como ariete para dar tiempo a los delanteros y al apertura a encontrar una posición cómoda en la que despejar el oval. Su percusión empuja a la defensa varios metros hacia atrás, y evita que los centros rivales puedan presionar la posterior patada. Al contrario, también es realmente efectivo cuando es su equipo el que se encuentra atacando en la zona roja del rival. Su explosividad en espacios cortos resulta muy útil cuando los Blues se encuentran cerca de la línea de marca. En el siguiente clip podemos ver un claro ejemplo de esto: hasta cuatro defensores de Chiefs intentan pararle a la salida de la melé, pero aun así no lo consiguen.

A todo este catálogo de habilidades debemos sumar una última, la cual tampoco debería coincidir con el estereotipo marcado por su físico: Nonu tiene unos enormes recursos para la patada en juego. Lógicamente, no es la primera opción de su equipo para este tipo de acciones. Es el apertura (Otere Black y Harry Plummer esta temporada) el principal encargado de despejar el balón o de buscar una ganancia territorial a través del pie. Aun así, su equipo agradece que, en situaciones delicadas en las que el 10 se encuentra envuelto en un ruck, pueda tener una segunda opción capaz de patear el balón y sacarlo del terreno de juego. Aunque la patada de Nonu no es especialmente potente, sí que resulta bastante precisa y elegante. También la suele utilizar en ocasiones como recurso ofensivo y, aunque cada vez lo hace menos (exigencia de MacDonald), esta temporada ya ha dejado alguna que otra pincelada de lo que es capaz.

En definitiva, y aunque nos duela, nos encontramos ante el ocaso de un jugador que ha marcado una época, tanto en el juego como en el imaginario popular. Sinceramente, se nos hace difícil ver a Steve Hansen convocando a Nonu para el Mundial de Japón. No porque no pudiera hacerlo bien sino porque, como comentaban los compañeros Señarís y Astesiano en su recomendable podcast, Hansen cuenta en su posición con un buen número de jugadores jóvenes, que son parte del grupo que se ha ido formando durante este ciclo mundialista, y que lo están haciendo igual de bien (o incluso mejor) con sus equipos que el veterano jugador de Blues.

En cualquier caso, esta temporada estamos siendo espectadores de grandes destellos de calidad por su parte, lo que, para quienes hemos disfrutado de sus mejores años en la élite de este deporte, siempre es un consuelo y un bonito ejercicio de nostalgia.