En vísperas de que Escocia e Inglaterra jugaran su partido del 6 Naciones de este año, el principal argumento que la mayoría de analistas esgrimíamos para defender una presumible victoria del XV de la Rosa era el de la superioridad física de sus delanteros (principalmente de la tercera línea), sobre los del equipo de Gregor Townsend. Además, se achacaba al equipo escocés el hecho de no tener ball carriers que fueran capaces de ganar la línea de la ventaja, para así dar mayor espacio a que Finn Russell desplegara su juego imaginativo. Sin embargo, estas teorías quedaron en papel mojado cuando los escoceses, basándose en la inteligencia y el buen posicionamiento de Barclay, Watson y McInally, dominaron el ruck y permitieron a su equipo vivir en campo rival, forzando numerosos balones retenidos a una delantera inglesa indolente y realmente floja en los contactos.

Pues bien, algo parecido ocurrió el domingo en Bruselas. En un partido demasiado condicionado por el arbitraje, España no supo adaptar su juego para tratar de evitar fases como el ruck, donde es mucho mas fácil cobrar golpes de castigo. De los problemas con el árbitro ya se ha hablado bastante… Hablemos ahora de lo que no hizo bien España para contrarrestar ese factor adverso.

España partía como favorita tras sus triunfos frente a Rusia y Rumanía (Alemania aparte), basados en una feroz defensa que no dejó respirar en ningún momento a los atacantes rivales, y en un line-out que se ha convertido en una importante arma ofensiva para los Leones, gracias al impresionante trabajo de Miguel Velasco en esta faceta. A esto había que añadir el buen hacer en el juego al pie de la pareja de medios formada por Gillaume Rouet y Mathieu Belie, con los comodines de Dan Snee y Brad Linklater. La inercia ganadora y estas facetas del juego, en las que el equipo español era superior a su rival, nos hizo presuponer (como nos pasó con Inglaterra), que España vencería en el Little Heysel. Como todos sabemos ya, finalmente esto no ocurrió.

La batalla en el suelo

España salió al encuentro arrinconando a los belgas en su propio campo. Sin embargo, se notaba una menor intensidad en los contactos que en los partidos anteriores, fruto del nerviosismo por la importancia de la ocasión, suponemos. Los Black Devils jugaban en su casa y sin presión. Los que alguna vez hemos jugado algún partido en el que el rival se lo juega todo mientras tú tienes la tranquilidad de haber hecho tu trabajo, sabemos lo que motiva jugar estos encuentros.

Esto se notó sobre todo en los rucks. Guillaume Ajac planteó un partido muy cerrado en esta fase del juego, permitiendo a sus jugadores que se involucraran mucho para poder forzar retenidos, o al menos ralentizar el juego español. Fue una imagen habitual durante todo el partido ver hasta dos jugadores belgas intentando pescar el balón en un mismo ruck. Esta situación se vio agravada por la pasividad de los apoyos españoles, que en ocasiones no llegaban, y en otras llegaban pero sin la contundencia suficiente como para barrer a los defensores.

En vez de tratar de evitar que se jugaran encuentros demasiado comprometidos en el suelo, España cayó en la inercia del juego belga, y facilitó a Vlad Iordăchescu su trabajo. Como ejemplo paradigmático de esta situación, en el minuto 62 de partido Vincent Hart lanza una buena patada a la espalda del back three español. Sebastien Ascarat recoge el balón y se da una secuencia de pases, hasta que Linklater es placado dentro de su propia línea de 22.

En este momento, en vez de devolver la patada al campo belga o en su defecto sacarla por el lateral, la selección española comenzó a encadenar un gran número de fases (la mayoría en pick and go). Los Leones avanzaron metros, y finalmente consiguieron un golpe de castigo a favor por fuera de juego de los belgas. Pero, en un partido como el del domingo, no convenía ponerle las cosas tan fáciles al árbitro rumano, acumulando tantas fases de juego en una zona del campo tan estéril.

En la imagen de arriba podemos ver cómo Jesús Moreno ha recibido un balón de Rouet y se dispone a embestir contra la defensa belga. Si atendemos al ruck que precede a esta captura, ha sido formado cerca de la línea de banda tras una carrera vertical de Belie, por lo que se espera una fase de juego lento, que agrupe a la defensa en torno a un nuevo ruck para poder jugar a partir de ahí con más espacios.

Estas fases suelen estar formadas por los delanteros menos móviles (pilares y segundas), puesto que tiene como objetivo golpear en una zona muy cargada de defensores. Se busca una liberación rápida del balón, por lo que el que lo conduce debe ganar la línea de la ventaja, y sus acompañantes (deben ser tres, no dos como en esta ocasión), tienen que eliminar cualquier intento de robo de balón tras el placaje.

Sin embargo, lo que ocurre es que tanto Beñat Auzqui como David Barrera llegan a las inmediaciones de la formación en posición erguida, de tal forma que han perdido toda la potencia que les daba su carrera, y su intento de limpiar el ruck no es efectivo ante un pescador belga que se mantiene en todo momento sobre sus pies.

Un detalle a tener en cuenta, y que empeora la actuación de los tres delanteros españoles en esta acción del juego, es que el pescador belga es Bertrand Billi, segunda línea que por su altura debería tener mayores problemas para ejecutar con éxito este tipo de acciones. Esta jugada es una de las muchas que se repitieron durante el partido del domingo, pero ilustra a la perfección el principal problema de la selección española contra los belgas.

Aprieta pero no ahoga

Como hemos comentado al inicio de este análisis, probablemente la principal seña de identidad de la selección española es la gran intensidad que imprime a sus fases defensivas. Todo parte de un contacto vencedor que genera el derribo del rival, y una posterior subida de la defensa con el segundo centro a la cabeza (Fabien Perrin y Thibaut Álvarez son expertos en esto).

También es necesaria una rápida subida de los defensores mas cercanos al ruck, para evitar que los posibles receptores más cercanos puedan ganar la línea de la ventaja en caso de recibir el oval. Esta coreografía defensiva provoca un cortocircuito en la circulación de balón del rival, que se ve abocado a perder metros para poder mantener la posesión. Así, estas acciones se van encadenando hasta que el rival se deshace del balón o lo pierde.

Tanto en los partidos contra Rusia como contra Rumanía pudimos observar esta práctica elevada a su máxima expresión. Pero, ante Bélgica, parecía que los jugadores españoles habían entrado en una especie de éxtasis que hacía que con cada contacto sus rivales retrocedieran un par de metros.

El domingo no vimos esta defensa. La línea tardaba muchísimo en subir, y cuando lo hacía, los contactos no eran lo suficientemente buenos como para frenar a los belgas, quienes tenían mucho espacio para correr y coger inercia antes del contacto. De esta forma, los jugadores españoles retrocedían en los impactos, lo que dificulta enormemente el trabajo en el ruck posterior, puesto que llegas al mismo corriendo hacia atrás.

Lo ilustraremos con otro ejemplo gráfico. Melé a favor de Bélgica sobre su línea de 22, en una situación ideal para que la selección española fuerce un golpe de castigo a favor. No obstante, la primera línea belga resiste el envite, y el medio de melé Julien Berger transmite el balón a un compañero para que éste ataque el carril entre Rouet y Belie.


El receptor belga recibe el oval parado y arranca su carrera una vez tiene el balón en las manos. Por lo que, a pesar de que la subida defensiva no es mala, podemos decir que debió ser bastante mejor, obligando al portador del balón a ser derribado a la altura de la melé. Sin embargo, el gran fallo no está en la subida, sino en el contacto. Si nos fijamos en Belie, vemos cómo frena su carrera antes del impacto, de tal modo que su posición es incorrecta, ya que es como la de alguien que esta sentado: tiene el tronco por detrás de las rodillas, de modo que absorberá el impacto y caerá hacia atrás.

Para lograr un placaje ganador, debemos situar el tronco por delante de las caderas y anclarnos con los pies en el suelo, llevando toda la fuerza de nuestro cuerpo hacia los hombros. La postura de Rouet tampoco es la más adecuada, sin embargo esto es comprensible, puesto que viene de la melé y su línea defensiva no puede ser otra.

En esta imagen de arriba vemos el momento en el que el jugador belga es finalmente placado. Podemos observar que, desde el momento que recibe el balón hasta que cae al suelo, ha avanzado al menos diez metros. Los contactos de Rouet y Belie no son lo suficientemente buenos, y la ayuda de Lucas Guillaume, que es el flanker abierto, no llega a tiempo. Finalmente es Gautier Gibouin desde el cierre del scrum el que derriba al belga. Cuatro jugadores son necesarios para derribar a un tres cuartos que, en el momento en el que recibe el balón (dentro de su línea de 22) se encuentra parado.

En un partido con esta trascendencia, este tipo de errores, difíciles de detectar a primera vista suponen una gran losa, como se pudo comprobar el domingo.

El plan de juego

Las acciones que describimos en este análisis no son fases de juego aisladas que se dieron durante el partido, sino que se vieron de forma bastante recurrente. La selección española no jugó al nivel al que lo venía haciendo en los últimos partidos, y a pesar de que era un equipo superior y debió imponer su juego, no lo hizo.

Una vez visto todo el mundo es listo, pero el plan de juego impuesto por Santiago Santos no dio los frutos deseados. España trató de mantener la posesión para desgastar esa defensa tan intensa que planteó el equipo de Ajac, e ir consiguiendo golpes de castigo a favor que pudieran situarlos en el campo rival o que les permitiera sumar de tres en tres. Sin embargo, las infracciones fueron constantes, lo que les condenó a jugar gran parte del partido dentro de su propio territorio sin la posesión del balón.

Ante esta situación, lo normal habría sido jugar con el pie para recuperar parte del terreno perdido, o por lo menos poder situar al equipo en fases de juego donde se mostró muy superior al equipo rival, como la touche pero, salvo en una patada de Snee en la primera parte, las patadas ofensivas fueron escasas y defectuosas.

Los Leones perdieron en Bélgica y ahora espera Portugal, que ha ganado todos los partidos de su competición y se enfrentará con Alemania por un puesto en la European Nations Cup del año que viene. Para disipar las dudas, la selección debe recuperar la intensidad y la confianza que le llevó a ganar a Rusia, Rumanía y Alemania, y olvidarse de futuras rondas y posibles premios mayores.