La gran mayoría de los espectadores de rugby estamos de acuerdo en que el deporte necesita ser más ágil, más rápido: eso ayudaría a mejorar el espectáculo y nos permitiría asegurarnos de que todos los jugadores, de cualquier talla y tamaño, tienen sitio en el rugby. Además, reduciría el número de lesiones (¿aún hace falta demostrar que van en aumento?).

Por “más rápido” nos referimos o bien reducir el tiempo que los jugadores permanecen parados o bien incrementar el tiempo real de juego. Ambas posibilidades llevarían a que la preparación de los jugadores se centrara más en sus capacidades aeróbicas, en lugar de en su potencia.

Dos momentos en los que los minutos corren sin que haya juego en el rugby profesional de hoy son la melé y el tiempo posterior a un ensayo, hasta el reinicio.

En ambos casos, los árbitros deberían tener como objetivo agilizar la vuelta al juego. En nuestro artículo sobre la evolución de la melé a lo largo del tiempo ya mostramos cómo ha cambiado, pasando de ser un medio de reinicio rápido del juego a una fase que se suele dilatar de forma excesiva y que, a menudo, detiene el ritmo y la dinámica de juego de los partidos.

Además de implementar instrucciones para darle más velocidad a la acción, en el rugby profesional se debería empezar a detener el reloj en estos pasajes de tiempo muerto que siguen a las melés y los ensayos. Vamos a fijarnos en cuánto tiempo de partido, de juego real, se pierde en esos momentos y cómo convertirlos en tiempo real de juego.

 

La melé

La fase por antonomasia del rugby hace tiempo que es un desastre. Y así sigue. A pesar de que los árbitros recibieron en su momento, hace un par de temporadas, una circular en la que se les conminaba a que acelerasen la formación de la melé, nuestros datos muestran que no ha habido ningún cambio en el tiempo que se pierde en el proceso de jugar y completar una melé.

A diferencia de los ensayos (en los que la duración del tiempo muerto es bastante homogénea en los partidos que hemos revisado… como se ve en los datos de más abajo), el tiempo que se pierde para completar una melé puede variar de forma notable entre unos partidos y otros. Y entre unas formaciones y otras.

Por ejemplo, en el partido Inglaterra-Gales del pasado sábado, la primera melé duró, oficialmente, ¡sólo 7 segundos! Puede sonar extraño pero, después de conceder inicialmente un golpe de castigo a Gales, el colegiado pareció cambiar su decisión y decretó melé. Dylan Harley dejó el terreno de juego para pasar el HIA (protocolo de conmoción) y el reloj permaneció parado hasta que se produjo la introducción de la pelota.

En el mismo partido la cuarta melé consumió, sin embargo, ¡hasta tres minutos del tiempo de juego! Eso incluyó un tanto por ciento que los equipos gastaron en empujarse y amenazarse los unos a lo otros; después, lo que pareció un parón por algunas lesiones; más tarde a ambos rivales les costó un verano formar la melé; y, finalmente, hubo un par de reinicios de la misma.

El tiempo promedio que se gastó en las melés a lo largo de ese partido (desde el pitido inicial del árbitro señalando la infracción hasta que la pelota salió de la melé para volver al juego) fue de 84 segundos: ligeramente superior a nuestros registros de otros partidos a lo largo de las dos últimas temporadas.

¿Cuántas melés se juegan de media en un partido? En este 6 Naciones hasta ahora hemos tenido una media de 11.8 melés por encuentro.

Así que las matemáticas nos dan esas 11.8 melés, multiplicadas por los 84 segundos de media = 991 segundos, o lo que es lo mismo, 16,5 minutos, un 20% del tiempo de juego de un partido.

 

El ensayo

No hace mucho, cada ensayo era seguido por un viril apretón de manos con el jugador que tenías al lado, después se pateaba la conversión y, de seguido, se reiniciaba el juego.

Hoy, cuando hay un ensayo lo que vemos a continuación es la cada vez más ineludible celebración, gran cantidad de palmetazos en la espalda y abrazos, la revisión del TMO, una parada para que los jugadores beban, 60 segundos de preparación para que el pateador tire a palos y después un premioso y tranquilo regreso al medio campo para el saque de centro.

¿Cuánto cuesta todo esto? En los encuentros recientes del 6 Naciones entre Inglaterra y Gales, y en el Escocia-Francia, el tiempo consumido después de los ensayos fueron de media 104.5 segundos: es el tiempo entre que el silbato del árbitro concede el ensayo y el reinicio del juego con el botepronto desde el centro. En tiempo real puede ser incluso más, dado que por lo general el reloj se detiene si hay una revisión del TMO.

El tiempo gastado en cada uno de los seis ensayos fluctuó de los 90 a los 116 segundos, así que hablamos de una cifra bastante habitual, homogénea.

A lo largo de las últimas cuatro ediciones del torneo se han anotado una media de 4.64 ensayos por partido. Si multiplicamos esa cifra por los 104.5 segundos de media de tiempo que se pierde tras cada uno de ellos, salen 485 segundos (8 minutos).

Así que, en un partido promedio del 6 Naciones, detener el reloj después de un ensayo y volver a ponerlo en marcha para el saque de centro permitiría ganar 8 minutos o un 10% de la duración de un partido.

 

Una oportunidad para cambiar radicalmente el juego

Como hemos tratado de demostrar a lo largo de este artículo, parar el reloj durante la melé añadiría 16.5 minutos (un 20% de tiempo de juego), mientras que hacerlo tras un ensayo supondría añadir otros 8 minutos (el 10% de lo que dura un partido).

Estos cambios tan sencillos -ya hay una persona encargada de manejar el reloj en los partidos profesionales- añadirían aproximadamente un 30% más de tiempo de acción, de juego real con la pelota en movimiento. Es decir, unos 24 minutos.

Eso afectaría de forma notable a la dinámica de juego y volvería a dar importancia a la habilidad y el ritmo, por encima de la pura potencia. Y además, el otro beneficio adicional sería que los espectadores que pagan hasta 112 euros por una entrada del 6 Naciones obtendrían más rugby por ese precio. Que no es lo de menos.

 

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