Un sábado cualquiera. Tren camino a Madrid. Suena el WhatsApp. La foto de un conocido haciendo turismo en el Paseo de los Tristes la sorprende. “¿Qué haces ahí? ¿Hasta cuando estás?”, escribe inmediatamente Alhambra. Recomendaciones gastronómicas y la sensación de que ambos se quedaban con las ganas de coincidir. Otra vez será. La granadina más universal de los tiempos modernos es, obviamente, una gran embajadora. Ese fin de semana de junio la colegiado Nievas, mejor árbitro del Mundo en 2016, se preparaba para un Sanse-Chami de playout de Liga Iberdrola, con la misma ilusión con la que pitó la final olímpica de Río, finales de Liga y Copa o aquel Finlandia-Noruega que suponía el primer encuentro internacional masculino dirigido por una mujer.

Porque a los sitios hay que llegar sin hacer ruido… e irse en silencio y con todos echándote de menos. Alhambra Nievas deja el arbitraje, sin estridencias ni anuncios oficiales. En San Francisco, tras el Mundial de Seven, su teléfono echa humo. Todos quieren hablar con ella, desearle suerte en una nueva aventura que no se ha anunciado oficialmente (y que la mantendrá ligada a World Rugby) o preguntarle a modo de entrevista por qué lo deja estando en los más alto de la ola.

 

Alhambra se coló en el rugby como una estudiante más, teleco en su caso. En el Universitario de Málaga, con sus amigas. Lo que parecía una nueva aventura se convirtió en varios títulos andaluces y en la llamada del combinado nacional. Sí, Nievas fue Leona. El arbitraje llegó de casualidad y, como le pasó en su faceta de jugadora, fue devorando los límites que se cruzaron en su camino. Tanto fue así que tuvo que colgar las botas, con una promesa: que volvería a jugar al menos un año con sus compañeras del Universitario. El momento llegó y, si finalmente no logra cumplir su promesa, échenle la culpa a la madre naturaleza.

A escasos días de cumplir los 35 años, Alhambra ya dejó bien claro hace 15 meses en una conversación con AS que su vida tenía otras prioridades y que su contrastada trayectoria internacional llegaba a su fin. Encontró el amor con Alberto Requena, juntos iniciaron un camino en común en Granada, dónde si no. Y, si todo va bien, allí esperan formar pronto una familia. Ley de vida. No le demos más vueltas. Una ilusión, un proyecto. Y en casa. Con sus piononos, el dulce típico de la ciudad, su familia y aquellos rincones de Beas de Granada (su pueblo natal), Almería o Málaga bien a tiro.

Alhambra ya dejó claro hace tiempo que su trayectoria internacional tocaba a su fin: tiene otras prioridades personales, formar una familia… Ley de vida, no le demos más vueltas

El rugby ya no le obligará a vivir pegada a una maleta, pendiente del circuito de las World Series, o un partido de playoff de ascenso a División de Honor masculina. A Alhambra, una vez colocada en el olimpo oval, se le ha seguido viendo en todas las escalas posibles, o en el campeonato universitario. Desvivirse por el rugby español, sin una mala palabra y diciendo que sí a todo compromiso posible. Siendo entrevistada por Buenafuente o dando charlas en el instituto. Apadrinando torneos, recibiendo distinciones…

Imagen de nuestro rugby en todo el mundo, sin perder la modestia ni la sonrisa. World Rugby no quiere perderla, y aprovechará su talento para formar a los futuros colegiados de élite. Lo hará con su acento granaíno mientras sus vuelos se van reduciendo básicamente al Málaga-Dublín. Seguramente a World Rugby, y a la FER, les habría encantado despedirla con honores, sobre el campo tras el partido por el bronce en el AT&T Stadium de San Francisco… pero eso no va con ella.

Como dice un buen amigo, en estos tiempos en los que no abundan personajes que mantengan su vida alejada de los focos y las redes sociales, se agradece conocer a personas como Alhambra. De las que entran sin molestar y se marchan dejando un legado.