Contaban Goscinny y Uderzo que una pequeña aldea resistía al empuje romano en recóndito rincón de la Bretaña Francesa. Los cuentos de Astérix, eternos aún con el paso de los años, han encontrado un símil en el rugby actual. 2.070 años después y 750 kilómetros más al sudeste, en el Tarn, en la Región de Midi-Pyrénées, un humilde club, el Castres Olympique, resiste heroico a la amenaza de las grandes centurias, armadas con millones de euros de Toulon, Racing 92, Stade Français, Clermont, Montpellier y sus vecinos de Toulouse.

Actual campeón del Top 14, como también lo fue en 2013, cuenta entre sus filas con la versión actualizada de las historietas que enriquecen nuestras bibliotecas. El pequeño Astérix bien podría ser un medio melé sudafricano al que trató de cazar Mourad Boudjellal con un precontrato millonario; y su inseparable gigante Obélix, un uruguayo que en vez de caerse en la marmita y lograr una fuerza descomunal, a base de tomar mate logró la eterna juventud. Juntos, Rory Kockott y Rodrigo Capo Ortega, levantaban el Bouclier de Brennus el pasado mes de junio en el Stade de France, tras echar por tierra el faraónico proyecto montpellerino de Mohed Altrad.

“Lo que hicimos demuestra que para triunfar en el Top 14 hace falta un buen grupo, gente que juegue como equipo. Un bloque es más fuerte que el individuo, se vio en la última final contra Montpellier. No es imprescindible tener un gran presupuesto para ganar el Top14”. Palabra del capitán Rodrigo Capo Ortega, el Potro. Al que no es extraño verle pasear por Castres, con su mujer, la ex top model Julie Stefanon, y sus dos hijos. Donde está asentado desde hace ya casi 17 años, y de donde nunca quiso marcharse cuando llegaron ofertas suculentas: “Sí, claro que tuve propuestas. Pero siempre preferí quedarme acá. Cuando uno está a gusto en un lugar, la plata no hace la felicidad. Pienso así y siempre fui feliz en una ciudad en la que me hice hombre, que me dio a una mujer magnífica, dos hijos divinos… ¿qué más le puedo pedir a la vida? Soy un privilegiado”.

Kockott y Capo Ortega levantan el Bouclier de Brennus de campeones de Francia.

No es sólo una cuestión vital, también profesional. De Castres han ido emigrando decenas de jugadores, e incluso los Laurent (Labit y Travers), atraídos por contratos millonarios, y el proyecto siguió funcionando igual. Jugadores rebotados de las grandes escuadras encuentran en el Pierre-Fabre (estadio al que dio nombre su ya fallecido mecenas, el gran empresario farmacéutico) una segunda juventud.

Ahora, con Christophe Urios en el banquillo -puesto que dejará en unos meses para la llegada del argentino Mauricio Reggiardo, otro fichaje de perfil bajo-, la máquina sigue funcionando y en la primera jornada ganó en Montpellier, con ensayo del Potro. “Mejor imposible, es el camino, trabajar duro, unidos y con humildad, que es lo que mejor nos define. Castres es un equipo especial, somos especiales. Y no lo digo porque nos lo tengamos creído. Trabajamos de forma distinta a los otros equipos. Somos profesionales, pero también gente muy abierta a la sociedad, a los hinchas… Somos humanos, como todos. Lo que agarres con la mano izquierda debes distribuirlo con la derecha”.

“Castres es un equipo especial: somos especiales. Trabajamos de forma distinta a los otros equipos. Somos profesionales, pero también gente muy abierta a la sociedad, a los hinchas…”

Será difícil que Castres acabe la fase regular en lo más alto. Incluso puede ocurrir que en las barrages arranque jugando fuera de casa, algo a lo que ya están más que acostumbrados y que para nada asusta a los Castrais, como demostraron entrando sextos el año pasado… para acabar siendo campeones: “Una vez que estás entre los seis primeros, todo puede pasar a un solo partido. Si tienes un buen día, ganas y tu confianza va arriba. Llegas al segundo, repites, sube aún más y te plantas en la final del Top14”.

Una fórmula farmacéutica contra la que no han encontrado antídoto, ni a base de millones de euros, Mourad Boudjellal, Jacky Lorenzetti, Mohed Altrad, la fábrica Michelin o el eterno y glorioso manantial tolosano.

Dos títulos y un subcampeonato en el último lustro para Castres, y también para el Potro. Capo Ortega llegó en 2002 y parece difícil que le vayan a mover del Tarn hasta el final de sus días. “Mi caso es muy particular, ya seas nacional o extranjero. Soy el único jugador nacido en el año 1980 que sigue a este nivel. Tal y como está de profesionalizado este deporte, y con más dinero cada vez en los clubes, hacer la carrera en un mismo club y ser fiel de la forma que yo he sido con Castres no se va a ver más”.

El 8 de diciembre soplará 38 velas y, a simple vista, podría no ser la última vez que lo haga como profesional en activo: “No te puedo decir cuántos años seguiré jugando, pero a Rodrigo le queda cuerda. Me siento muy bien, disfruto mucho, cada día más. Y como estoy más cerca de la retirada que del debut, pues disfruto de cada segundo como si fuera el último”.

El uruguayo, celebrando el título de 2013 con la bandera uruguaya.

Porque a Rodrigo no le va mirar atrás. Sonada fue su decisión de no acudir al último Mundial de Inglaterra. Uruguay había clasificado heroica en la repesca y su estandarte renunciaba a enfundarse la camiseta de los Teros en el Millenium de Cardiff ante Gales o frente a la anfitriona en el Manchester City Stadium: “No me arrepiento para nada, fue una decisión personal que tomé y lo asumo al 200%. Fue lo mejor en ese momento. Si se dijo que Castres me presionó fueron todo mentiras. Si no fui, se debió a mi elección. No hubo presión”.

Capo no ha dado la espalda a su combinado nacional, aquello fue algo puntual: “En Uruguay se están haciendo las cosas muy bien. Un trabajo serio, profesional, hay un plantel de 25 jugadores con un sueldo que les permite dedicarse al rugby. A nivel físico tratan de acercarse a otras selecciones y cuando fui a jugar contra Canadá me sorprendió para bien su nivel. Estoy muy contento por ellos”.

“En Uruguay se están haciendo las cosas muy bien. Un trabajo serio, profesional… A nivel físico tratan de acercarse a otras selecciones y, cuando fui a jugar contra Canadá, me sorprendió para bien su nivel”

Si nada se tuerce, Rodrigo estará en Japón, luchando contra Fiji, Georgia, Australia y Gales, pero no adelantemos acontecimientos. “Sé que España estuvo muy cerca de clasificar, fue una lástima. Pero si estuvieron tan cerca es porque encontraron el camino. Deben mantener esa sintonía y luchar por el sueño de 2023. Lo deseo de todo corazón”. Los lazos de Rodrigo Capo Ortega con España son fuertes: tiene pendiente una visita a Murcia, donde le espera con un buen asado su querido Ernesto Thetha García, hermano de su ex compañero Julio García, otrora Puma, y ahora entrenador en el Tala cordobés.

Mientras llega ese momento, seguirá yendo a L’Español, el bar de José Diaz, mundialista con España en 1999 y bien asentado en Castres: “Funciona muy bien el bar de José, todo el mundo va para allá antes y después de los partidos. José es un estandarte, salió campeón con Castres en 1993, toda su vida jugó acá. Le quiero mucho y siempre transmitió mucho a la entidad y a la ciudad”. Palabra de Rodrigo Capo Ortega, el Potro, ¡uruguayo no más!, tomador de Yerba Mate Canarias, y el último ejemplo de fidelidad a un club.

Resiste Castres y, delante de su ejército, un gigante al que queda cuerda para rato.