La llegada de especímenes de  Summus Secundo al mundo del rugby continúa siendo para científicos de todo el mundo un misterio sin resolver.  Aunque por el momento no hay una doctrina aprobada y contrastada sobre su procedencia y evolución ciertos teóricos del oval han intentado arrojar algo de luz sobre por qué individuos física y anatómicamente nacidos para el baloncesto acabaron poblando los campos de rugby de todo el mundo. Unos afirman que la falta de canchas de baloncesto en algunos poblados irlandeses alejados de la capital precipitaron su llegada por el deseo del Summus Secundo de integrarse entre sus semejantes. Otros que del apareamiento de dos  Magnus Primum (primeras líneas altos) nació el primer ejemplar, con poco acierto para el cabezazo en corta distancia, pero con muy mala leche y un talento innato para el empuje en la melé.

Sea como fuere, con el tiempo su nombre derivó hasta Secunda Acie (segunda línea de batalla) para finalmente apocoparse con el uso en simplemente Segunda.  Su hábitat natural son los gimnasios y las tiendas de proteínas. Debido a su dificultad para musculares y coger peso el segunda frecuenta este tipo de tugurios repletos de seguidores del spinning y ropa fluorescente con el único objetivo de convertirse en un ariete humana de dos metros indestructible. No os dejéis engañar por su aspecto desgarbado, patilargo y bonachón. Cuando un segunda consigue entrenar su cuerpo y ponerlo a la altura de su mente de sicario se convierte en un enemigo altamente peligroso. Imposible de parar en carrera, con su enorme zancada irá dejado cuerpos caídos en el campo a su paso, que parecerán hormiguitas a su lado. Por no hablar de lo que pasa cuando te percute un arma de dos metros de largo por dos de ancho. Si no lo habéis experimentado os recomiendo que no lo probéis.

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La vida del segunda en el campo transcurre entre culos. Esta frase para un neófito recién llegado puede sonar bien, incluso prometedora. Así que voy a matizarla. La vida del segunda en el campo transcurre entre culos sudorosos, mojados y llenos de barro con tropezones. Una persona no podría aguantar esto melé tras melé, ruck tras ruck. Este trabajo tan ingrato sólo se ve compensado por una cosa. La touch. En ella el segunda experimenta una sensación de libertad, predominio, protagonismo y placer inigualable. Es el único animal que ha sido capaz de volar sin tener alas. Joder, y eso mola.

Aunque el Summus Secundo ha monopolizado su posición y funciones en el campo me veo obligada a citar por razones de credibilidad y fundamentación histórica a dos subespecies que aunque aparentemente físicamente alejadas de él, comparten genéticamente sus mismos rasgos e información genética:

  • Minimum Secundo: (lat.) segunda chaparrete: los estudiosos del tema siguen sin tener evidencias sobre cómo consigue no descompensar la melé y llegar a saltar en touch lo equivalente a un Summus Secundo. Continúa siendo un misterio.
  • Obesus Secundo: (lat.) segunda orondo: esta subespecie se trata inequívocamente de una broma de la naturaleza, ya que su corpulencia se basa en una ilusión óptica. Nunca os fiéis de un segunda que ‘parece estar gordo’ porque siempre, indefectiblemente es un engaño de vuestra retina. Cuando os hayáis querido dar cuenta habrá salido corriendo como alma que lleva el diablo o habrá pasado por encima de vosotros dejándoos doloridos encima del césped antes de que hayáis tenido tiempo de pestañear.

No sería profesional terminar estas líneas sin una serie de advertencias sobre cómo actuar cuando alguien se encuentre un Summus Secundo en su hábitat natural. Lo primero y fundamental, nunca confiéis en su apariencia desgarbada y descoordinada, porque es un mecanismo de defensa ante sus depredadores basado en parecer inofensivo. Segundo, un Summus Secundo nunca está herido. La sangre de su camiseta siempre es de un contrario que ha ignorado la primera advertencia. Y tercero y más importante, nunca os pongáis en medio de un Summus Secundo en carrera a no ser que queráis perder uno de vuestos miembros. Aunque pueda parecer que se mueve despacio, recuerda que es un efecto óptico provocado porque sus piernas miden más que tú subido en un taburete.