Phil Orr, dorsal número uno verde, protege a Moss Keane. Barry Nelmes parece preguntarse qué está pasando. Los primeros son irlandeses. Dublinés el pilar y jugador del Old Wesley, 58 caps llegaría a coleccionar con su país antes de acceder a la presidencia de la IRFU. El segundo nació mucho más al sur, en la zona más gaélica (y agreste) de Irlanda, en County Kerry. Jugó por tanto con Munster y derrotó con el equipo provincial a los All Blacks en Thomond Park, en 1978. Pero Moss, el protagonista de la imagen, fue mucho más: personaje ineludible de una comunidad como la irlandesa. Alto funcionario del gobierno, rugbista y protagonista de mil sucesos.

En 1974, con motivo de su primera aparición en el V Naciones, en el Parc des Princes de París, pronunció una de las frases que han quedado, indelebles, para los anales del torneo: “beidh lá eile, you French bollix” que en traducción libre dicen los versados en el gaélico irlandés que viene a ser “¡habrá otro día, francés de los cojones!”. En una refriega de esas que tanto gustábamos del rugby francés, durante un ruck especialmente confuso, quedó a merced de la despiadada bota de un delantero gálico y sus afilados tacos. Ya le habían prevenido. En palabras de su capitán, Willie John McBride, iba a ser bloody and brutal, o del primera línea Ray McLoughlin (“te buscarán, por ser el nuevo, no cedas o nunca volverás a vestir de verde”).

No le preocupaba excesivamente. Era un tipo enorme. Venía del fútbol gaélico y solamente empezó a jugar al rugby en su veintena (bajo el improbable pseudónimo de Moss Fenton, para eludir la prohibición de la federación del deporte local, enemiga del nuestro, extranjero para sus dirigentes). Fue golpeado tres o cuatro veces en los primeros agrupamientos, lo normal con Jean Iraçabal, Alain EstèveJean-Louis Azarete o René Bénésis, los del sur, en el pack francés. Pero nada comparado con lo que le esperaba. En la segunda parte, los brazos atrapados por un montón de cuerpos y la cara expedita mirando al lado indebido. Así que lo vio venir y contempló la sonrisa satisfecha del rival, la pierna elevándose y la bota bajando, en la época de largos tacos de acero. Sintió la sangre correr por la cara, que había podido mover ligeramente para que el impacto, seco, obviara uno de sus ojos. Quedó groggy, pero tras el vendaje en la banda (el talonador, Ken Kennedy, oficiaba a la vez de médico del equipo) regresó para buscar al francés, desaparecido hasta el final del partido y a quien no estrechó la mano al final. Nunca dijo quien fue, quedó el nombre en el vestuario. Pero, tal y como prometió, hubo otra vez y cobró la deuda.

Por eso, porque Barry Nelmes conocía al personaje, parece apartarse del fragor de la batalla. No es que la rehuyera. No. Quizás busca el balón, que no vemos, pero adivinamos irlandés. Nelmes no se arredraba fácilmente. Era inglés de Bristol pero jugaba su rugby en Cardiff y estaba acostumbrado al tráfico pesado de las delanteras del Pontypool o del Llanelli de la época, en la competición del Principado y luego, ritualmente,  a Paparemborde, Paco o Cholley en cada edición del torneo en que participó, de 1975 a 1978.

La imagen es del 18 de marzo de ese último año, en Twickenham. Ganaron los ingleses 15 a 9, con ensayos de Peter Dixon y Mike Slemen y conversiones de Malcolm Young. Todos los puntos irlandeses fueron de Tony Ward, el dueño de la pierna más valiosa de su isla. Una perspectiva amplia nos hubiera dejado ver tras Nelmes a Fran Cotton, su compañero al otro lado de Peter Wheeler, el talonador. Cotton era ya una figura reconocida en todo el orbe oval, pues su rostro embarrado durante la gira de los Lions por Nueva Zelanda en 1977 lo había hecho incluso más popular que su desempeño en otra gira muy recordada (1974 por África del Sur). En primer plano, pues el lateral lo pusieron en juego los visitantes, imaginamos (licencia literaria porque lo sabemos) a Pa Whelan, talonador de Limerick, acercándose a Moss tras haber lanzado el balón. Y fuera de foco deberían aparecer, por Inglaterra y en su alineamiento, el rubicundo segunda línea Maurice Colclough (el único inglés al que los franceses admitían como igual, porque aprendió su rugby entre ellos) y su compañero Bill Beaumont (capitán de su partida), además de los terceras Peter Dixon, Mike Rafter y John Scott. Por Irlanda el compañero de Keane, Harold Steele, el pilar Ned Byrne y los inconmensurables terceras Willie Duggan, Fergus Slattery y Stewart McKeany.

Nelmes juega ya en otra liga, a la que se unió fatalmente en 2006, exactamente igual que el coloso Keane o su par inglés Colclough. Todos merecen mi homenaje.