Las redes sociales, los foros de internet y, suponemos, también el mundo real se han llenado estos días de entrenadores de sofá, después de que los Wallabies sufrieran otra amplia derrota frente a los All Blacks, en el arranque del Rugby Championship. A punto de cumplir su partido número 50 al frente de la selección de Australia (este próximo sábado en el Eden Park de Auckland), Michael Cheika se enfrenta a comentarios cada vez más afilados acerca de su futuro.

Los argumentos a favor de su salida del banquillo están basados, fundamentalmente, en su bajo porcentaje de victorias (actualmente situado en un 51,02%). Pero hay otros muchos razonamientos y los enfoques varían desde las comparaciones con anteriores entrenadores a la calidad de los rivales y, curiosamente, el número de debutantes que ha introducido a lo largo de su estancia en el puesto.

Rod MacQueen, con Ewen McKenzie y Andre Watson.

La línea de sucesión

Después de la icónica Copa del Mundo de 1995 en Sudáfrica, 1996 fue el año en que el rugby tradicionalmente amateur pasó a funcionar con el marchamo de profesional. A pesar de que los Wallabies habían sucumbido en cuartos de final de la RWC95, el entonces entrenador Bob Dwyer se mantuvo en el cargo y se mostró dispuesto a supervisar la transición al modelo profesional.

Sin embargo, dos candidatos exteriores lo amenazaban: Greg Smith, de New South Wales, y el entrenador de Queensland, John Connolly. Connolly tenía como principales valedores los títulos del Super 10 ganados en 1994 y 1995. Finalmente, el consejo de la ARU (con 5 votos de la unión de NSW, 3 de Queensland y uno de Australian Capital Territory, Victoria, Western Australia, South Australia, Tasmania y Northern Territory) anunciaron que el elegido era Greg Smith… y se desató el caos.

Un par de años más tarde, los Wallabies regresaban de nuevo de Sudáfrica, derrotados con amplitud (61-22 en Pretoria). En una rueda de prensa en el aeropuerto de Sydney, Smith sostuvo que seguiría luchando por mantener su puesto y, al menos, finalizar el contrato que le ligaba a la ARU hasta la ventana otoñal de ese año. Dos días después, sin embargo, anunció su dimisión, convencido por el CEO John O’Neill. El nombre de Connolly seguía ahí, pero aún sin el apoyo suficiente, así que el elegido esta vez fue Rod MacQueen, que había hecho un magnífico trabajo al frente de la recién estrenada franquicia profesional de los Brumbies.

Hacia finales del año 2000, sin embargo, MacQueen ya había empezado a negociar para dejarlo después de la gira de los British and Irish Lions… O’Neill insistió en que siguiera hasta después del entonces Tri Nations (hoy Rugby Championship)… pero MacQueen impuso su postura y se marchó sin acabar el año.

Una vez más, un relevo… Y una vez más, desde los Brumbies, donde Eddie Jones había triunfado al llevar a la franquicia de Canberra a su primer título en 2001, después del subcampeonato del año anterior.

Después del fracaso en la RWC95 de Bob Dwyer y con la transición al rugby profesional, Australia ha vivido una rueda intensa de cambios y frustraciones en la dirección: Greg Smith, Rod McQueen, Eddie Jones, John Connolly, Robbie Deans, Ewen McKenzie y Michael Cheika han dirigido a los Wallabies

El hoy entrenador de Inglaterra se comprometió y permaneció en el cargo hasta finales de 2005 (derrota en la final de la RWC2003 contra Inglaterra por el medio). Su final resultó abrupto: fue destituido (esta vez por el nuevo hombre fuerte de la ARU, Gary Flowers) antes incluso de que se hubiera llevado a cabo el pertinente análisis del desempeño de los Wallabies durante lo que había sido una decepcionante gira de otoño por el Hemisferio Norte. La racha de ocho derrotas en sus nueve últimos tests jugó en su contra, obviamente.

Esta vez el entonces técnico de los Waratahs, Ewen McKenzie, declaró su interés por ocupar el puesto. David Nucifora también fue considerado. Sin embargo, al final el elegido fue John Connolly, casi una década después de haber optado de manera decidida al puesto que ahora iba a ocupar.

El contrato inicial de Connolly contemplaba un compromiso de dos años, que le llevaría hasta la Copa del Mundo de 2007. Pero Connolly dimitió pocos días después de caer frente a Inglaterra en cuartos de final. Y, menos de dos meses más tarde, la ARU había designado como entrenador al primer extranjero de la historia: Robbie Deans, un ex All Black y triunfador absoluto al frente de los Crusaders. Deans firmó cuatro años, dejando fuera a otros candidatos recurrentes (McKenzie, Nucifora) y a algunos nuevos (Lawrie Fisher, Alan Jones y John Muggleton).

Después de 74 tests y algo más de seis años en el puesto, en 2013 Deans dio un paso atrás después de caer 2-1 en la serie frente a los Lions. Como había ocurrido cuando Eddie Jones relevó a McQueen unos años antes, el sucesor estaba cantado: Ewen McKenzie se convirtió, por fin, en entrenador del equipo australiano, después de haber conducido a los Reds de Queensland al título de 2011, seguido por dos presencias consecutivas en la final.

A pesar de la cantidad de años que había pasado aspirando a esa posición, el tiempo de McKenzie en los Wallabies se acabó relativamente pronto… y lo hizo en circunstancias controvertidas. Los detalles de lo ocurrido nunca han sido públicos y hasta hoy han abundado los rumores… En cualquier caso, lo innegable es que McKenzie duró 14 meses. Y, de forma bastante irónica, su sustituto fue una elección tan obvia como lo había sido la del propio McKenzie: Michael Cheika ya había conocido el éxito como entrenador en Europa, pero su victoria en el Super Rugby con los Waratahs fue a lo que se agarró la ARU (dirigida ahora por Bill Pulver) para convertirlo en la opción más sencilla. Un relevo rápido a un año de la RWC15.

Puede que esta larga introducción parezca innecesaria… pero merece la pena repasar los nombres, las circunstancias y las decisiones que rodearon el nombramiento de cada uno de estos entrenadores -y de otros envueltos en el asunto- para comprender la trayectoria que ha vivido en estos más de 20 años el puesto de entrenador de los Wallabies. Hecho lo cual, podemos pasar a las cifras.

Lo que dicen los números

Comencemos con una mirada a las estadísticas globales y el porcentaje de victorias de cada entrenador en estos años:

Porcentaje de victorias de los entrenadores de los Wallabies en la era profesional.

Dejando a un lado, si es posible, la tremenda evidencia de que los Wallabies han ganado en este tiempo menos de dos tercios de los tests que han jugado desde que el rugby se hizo profesional, no hay muchas más sorpresas en estos números. El récord de Rod MacQueen es excelente. Suponemos que mucha gente se sorprenderá de ver a Connolly en el segundo puesto… algo sobre lo que volveremos un poco más abajo.

Lo que más llama la atención es que los tres últimos técnicos que han dirigido a los Wallabies aparecen en los puestos más bajos de esa lista. Algo que parece indicar un declive general en el rendimiento (y en la consecución de objetivos) de los Wallabies en la última década. O quizás se deba solamente a que el periodo de MacQueen estuvo afectado por la temprana adopción de los sistemas de trabajo dirigidos al alto rendimiento en el arranque de la era profesional, mezclado además con una notable generación de jugadores (Eales, Horan, Larkham, etc).

Uno de los argumentos que se han agitado recientemente contra Cheika es que su éxito en la RWC2015 (en la que Australia fue subcampeona) enmascara en realidad los datos y los mejora, dado que en una Copa del Mundo hay partidos contra rivales de nivel inferior en las primeras fases del torneo. Para no incurrir en esa posibilidad y mirar a los datos de la forma más equilibrada posible, separaremos las estadísticas que afectan a las copas del Mundo.

Estadísticas de victorias / derrotas sin las RWCs.

Este cuadro muestra otro motivo para la preocupación: dejando fuera las RWCs, el récord general de victorias de Australia apenas supera el 50%.

Si nos fijamos de forma más detallada, de nuevo MacQueen es el que tiene los mejores números, con un 75% de victorias en partidos fuera de la Copa del Mundo. Greg Smith nunca disputó una RWC y sus estadísticas lo sitúan en el segundo puesto. Mientras, en su escaso tiempo al frente de los Wallabies, Connolly se arregló para sumar números bastante notables y es el tercero en discordia.

Robbie Deans y Eddie Jones se sitúan más o menos en los números medios de los Wallabies en estos años. Mientras, McKenzie (también sin haber disputado una Copa del Mundo) es el segundo por abajo. Y de nuevo, de forma significativa, Cheika aparece último con un asombroso (por lo bajo) 45,24% de victorias.

Muchos de los más críticos con Cheika, y favorables a su relevo, hacen hincapié en estos números y los amplían al referirse a los partidos jugados contra rivales de nivel inferior y el impacto que esos choques tienen en las estadísticas generales. Por ejemplo, se habla de la cantidad de partidos que Cheika ha dirigido contra equipos de fuera del Rugby Championship y el 6 Naciones… y los números muestran un alto porcentaje de ellos en el caso del hoy técnico de Australia (ver el tuit abajo).

Como se ve, el récord de Cheika en ese aspecto es en realidad peor que el de MacQueen. Puede que en el caso de este último esas cifras estén infladas por el hecho de que su equipo tuvo que jugar una clasificación para la Copa del Mundo de 1999, después del desastre en Sudáfrica en el 95: en ese camino hubo encuentros frente a Fiji, Samoa y Tonga a finales de 1998. Además, MacQueen se enfrentó cuatro veces con Argentina en una época en la que, por supuesto, los Pumas aún no disputaban el Rugby Championship.

Aparte de eso, llaman la atención los bajísimos números de Robbie Deans, considerando la cantidad de tests que dirigió a Australia.

Si miramos algo más allá y consideramos el rendimiento de cada entrenador contra los equipos de rango más alto del mundo, ampliamos la perspectiva. El cuadro siguiente refleja las estadísticas de Australia frente a equipos del Rugby Championship (incluida Argentina incluso antes de entrar en el torneo) y del 6 Naciones (con Italia también considerada de forma análoga).

Porcentaje de victorias / derrotas contra equipos del Rugby Championship y el 6N.

También desde este punto de vista la tendencia se mantiene. MacQueen tiene unos número sobresalientes. Su rendimiento contra los All Blacks parece, visto desde hoy, increíble (cinco victorias en siete partidos). Smith y Connolly se mantienen arriba, aunque entre los dos solo suman un triunfo frente a Nueva Zelanda. Las estadísticas de Robbie Deans lo elevan un tanto, apoyadas sobre todo en una excelente serie de resultados contra los Springboks (incluidas tres victorias en Sudáfrica), una racha dominante contra Gales (8 de 9 triunfos) y más partidos contra Italia de los que uno pudiera recordar.

Las estadísticas de McKenzie vuelven a dejarlo en mal lugar: es significativo que todos los tests que dirigió se jugaron contra equipos del Rugby Championship y el 6 Naciones. Una vez más, Cheika es el último de todos con un porcentaje de victorias del 45%.

Tal vez aquí hay que considerar la innegable subida que han experimentado los equipos del hemisferio norte en los últimos años. Inglaterra siempre mantuvo un potente nivel, con altibajos, pero el resto de las llamadas Home Nations han elevado su rendimiento de manera apreciable en estos años y las estadísticas de Cheika se pueden resentir también por ese motivo: una victoria en siete partidos contra Inglaterra; una de dos contra Francia; una de cinco frente a Irlanda; dos de cuatro frente a Escocia…

Finalmente, el técnico con peor porcentaje solo en partidos contra rivales del 6 Naciones (aparte de Cheika) es Eddie Jones: un 63% y, lo que resulta irónico, números terribles precisamente contra Inglaterra (sólo dos triunfos australianos en siete choques contra la Rosa). Los demás rondan el 73% de victorias o están por encima.

Will Skelton, uno de los ‘rookies’ promocionados por McKenzie en su periodo en los Wallabies.

 

El factor debutantes

Otro aspecto al que se suele aludir a la hora de considerar a un entrenador es su disposición a promocionar jóvenes o debutantes en la selección. No estamos muy convencidos de que este factor tenga demasiada legitimidad a la hora de juzgar a un entrenador, pero aun así le hemos echado un vistazo.

Para analizarlo, simplemente hemos considerado el número de debutantes con cada entrenador como un porcentaje en relación con el número de tests que dirigieron a los Wallabies. En este apartado, Greg Smith es el que introdujo más jugadores nuevos a la selección, con 19 rookies en sus 19 partidos: o sea un debutante por encuentro, lo que encaja con la percepción que se tiene de que varió con demasiada frecuencia el equipo. Pero estableció la base para el éxito en la RWC99 al lanzar las carreras internacionales de jugadores como Steve Larkham, Toutai Kefu, Owen Finegan, Andrew Blades, Matt Cockbain y David Giffen. Eso sí, también en la lista aparecen algunos reyes por un día como Mark Bell, Cam Blades y Filie Finau.

El resto se mueven todos alrededor de un 68%, lo que vendría a ser (si fueran fraccionables los jugadores) 0,68 debutantes por partido (o lo que sea). MacQueen ya contaba con una buena dosis de talento en el equipo antes de introducir a algunos jugadores que interpretaron pequeños papeles pero fueron básicos para su éxito: nombres como Jeremy Paul, Nathan Grey, Mark Connors, Rod Kafer, Elton Flatley y Tom Bowman. Después de ganar la Copa del Mundo, también les dio la alternativa a tipos duros muy notables como George Smith, Phil Waugh y Stirling Mortlock.

Las estadísticas en este apartado de Eddie Jones muestran una regularidad similar, aunque con algunas extravagancias. Jones fue el primero que empezó a usar la estrategia de pescar en el ruby league e incorporó a gente como Wendell Sailor, Matt Rogers y Lote Tuqiri. Jones también introdujo en los Wallabies a Stephen Hoiles, Matt Giteau y Tatafu Polota-Nau, a los que sacó de la sombra cuando todavía contaban con una experiencia muy reducida de rugby a alto nivel.

Cheika ha tenido una libertad a la hora de convocar jugadores de la que no ha gozado ningún otro técnico: ha podido llamar a los que jugaban fuera y recuperar a otros… una consecuencia del rugby globalizado de hoy y de las dificultades australianas para mantener una base competente de jugadores

El corto periodo de Connolly en los Wallabies también supuso un menor ratio de debutantes, como parece lógico, aunque la estrategia estaba clara: arreglar los problemas en la melé y buscar potencia en la delantera… lo que era un giro del enfoque que había mantenido Eddie Jones, que prefería que su paquete fuera más dinámico. Rodney Blake, Tai McIsaacs, Guy Shepherdson y Benn Robinson tuvieron su oportunidad ese primer año de Connolly, al igual que Wycliff Palu.

Deans mantuvo un porcentaje de debutantes similar a los de McQueen y Eddie Jones pero, tras flirtear con los conversos del league (¿alguien recuerda a Ryan Cross y Timana Tahu?), apuntó sus miras hacia los jóvenes: Quade Cooper, James O’Connor, David Pocock, Michael Hooper y Kurtley Beale aparecieron en la élite siendo aún adolescentes. James Slipper les siguió muy pronto, cuando todavía tenía sólo 21 años… algo notable para un pilar. Deans necesitaba regenerar su equipo cuanto antes, considerando que había perdido a hombres de la talla de Larkham, Gregan y Latham, que se retiraron el año anterior a su llegada.

Robbie Deans, con Kurtley Beale y un joven David Pocock.

El ratio de McKenzie fue similar al de los demás, con un sesgo brumbie muy apreciable al principio: en su primer test hizo debutar a Matt Toomua, Scott Sio, Scott Fardy, Nick White y Tevita Kuridrani. También le dio la alternativa a Bernard Foley y vio el potencial de Will Skelton.

El porcentaje de Cheika queda solo por detrás del de Smith. No cabe duda de que tantos debutantes en este último periodo tiene mucho que ver con el momento en el que está inmerso el rugby australiano, que sufre para sostener a sus mejores hombres ante la presión del mercado exterior, sobre todo de Francia y Japón. En algunos momentos, Cheika ha tenido que remover mucho para encontrar relevo a los huecos provocados por las salidas al extranjero, nada más debutar, de hombres como Sean McMahon, Taqele Naiyaravoro y Lopeti Timani.

Otra cuestión con Cheika es que ha tenido carta blanca en lo que se refiere a la elección de jugadores. Es decir, ha podido llamar a gente que jugaba fuera como Matt Giteau o Drew Mitchell, y recuperar a otros como Dean Mumm y Matt Toomua. Incluso ha incluido en sus convocatorias a profesionales que ni siquiera habían llegado a jugar un minuto de rugby en Australia (Marika Koroibete). Ningún otro seleccionador ha gozado de la libertad de Cheika en este aspecto. Sin duda, es la consecuencia de la naturaleza híper profesional y globalizada del rugby de hoy y de los problemas que Australia tiene para producir y mantener en su órbita a jugadores de la calidad debida.

Michael Cheika dialoga con su asistente Stephen Larkham, ante el apertura Bernard Foley.

 

Conclusiones

Este artículo ya se ha alargado lo suficiente… así que es hora de que cada lector extraiga sus propias conclusiones. Si algo nos sorprendió al analizar los datos fue lo bien parados que salían Greg Smith y Connolly a pesar de sus cortas estancias en el banquillo de los Wallabies.

Pero, sobre todo, lo que llama la atención es el clarísimo declive del rendimiento de los Wallabies durante la última década.

Y, ¿qué pasa con el futuro de Cheika? Pongamos las cartas sobre la mesa: creemos que se debería marchar. Sus números son rotundamente pésimos, aun reconociendo el crecimiento de las naciones del hemisferio norte en términos de resultados y cómo eso ha impactado en sus cifras, en comparación con la experiencia de anteriores entrenadores.

Pero esa constatación lleva a otra pregunta: ¿Por qué no han mejorado los Wallabies? Ahí reside una de las mayores fuentes de frustración para cualquier analista del rugby australiano en este momento: que no hay forma de extraer ningún argumento de evolución o mejora sostenida en el equipo en estos últimos años. Muchos nuevos jugadores sí, pero… nada verdaderamente reseñable en ninguno de los aspectos habitualmente analizados en el rugby de élite moderno. Nada.

Eso sí, la gran pregunta a la que no obtenemos respuesta es evidente: Si se va Cheika, ¿a quién ponemos? ¿A quién? Por detrás asoma gente de talento a la que nos gustaría ver como asistentes, que tuvieran esa oportunidad de desarrollarse: Lawrie Fisher, Dave Wessels, Simon Cross y Matt ‘Tattsy’ Taylor (aun teniendo en cuenta que acaba de comprometerse dos años más con Escocia). Pero, fuera de eso, Australia necesitaría ahora mismo un Rod MacQueen que pusiera esto en orden y la verdad, no vemos en el horizonte nadie capaz de cumplir ese papel. ¿Alguna idea?

 

[Reg Roberts es analista de rugby en la página Green and Gold Rugby. Puedes acceder a su trabajo en www.greenandgoldrugby.com y seguirlo en Twitter en @RugbyReg].